5 de abril de 2018

Internacional

La prisión de Lula y un capítulo más del Golpe

El Golpe de 2016, en Brasil, que retiró a la presidenta electa, Dilma Rousseff (PT) del cargo y colocó en el poder a Michel Temer (PMDB) fue el primer acto de la ruptura democrática en el país. Ahora, otra etapa se concreta, con la eminente prisión de Luiz Inacio Lula da Silva y las amenazas del Ejército. Alex Pegna Hercog desde Brasil para ANRed


Con la caída de Dilma, el nuevo gobierno inició una desestruturación del Estado. Una de las primeras medidas fue la entrega del petróleo a los extranjeros, al acabar con la exclusividad de la empresa pública Petrobrás en explotar el pre-sal - una de las mayores reservas petroleras del mundo, descubierta en 2008. Luego, Temer ha implementado diversas reformas que sacaron derechos laborales; ha cortado sustancialmente inversiones en las áreas sociales; y garantizó recursos y beneficios para grandes empresarios, especialmente del agronegocio, además de atender las demandas de la bancada religiosa, una de las más influyentes del Congreso. 

La etapa siguiente del Golpe fue buscar inviabilizar la candidatura de Lula en las elecciones presidenciales que deberán ocurrir en octubre de 2018. 

El ex-presidente, líder absoluto en las encuestas electorales, fue condenado en primera instancia el 13 de julio de 2017, un día después de la aprobación de la Reforma Laboral, que retiró derechos históricos de los trabajadores. En esa ocasión, el juez Sergio Moro solicitó la detención de Lula, acusándolo de haber recibido un apartamento como propina de la constructora Odebrecht. Sin embargo, Lula nunca vivió, ni tuvo posesión del departamento en cuestión y ninguna prueba fue presentada. Moro se basó en delaciones de empresarios presos, que tuvieron sus penas reducidas debido al acuerdo de delación. 

En ese entonces, la defensa de Lula recurrió, llevando el caso a juicio a una segunda instancia. Incluso antes de acceder al proceso, el juez Carlos Eduardo Lenz, que participaría en el nuevo juicio, elogió la condena. Afirmó que el juez Moro hizo un "examen minucioso e irretocable" de las pruebas contra Lula. Al día siguiente, Carlos Eduardo Lenz asumió que no había leído los autos del proceso, ni tuvo acceso a las supuestas pruebas.

El recurso de Lula contra la condena en primera instancia llevó 42 días para llegar al tribunal de segunda instancia, la tramitación más rápida de la investigación conocida como "Lava-Jato". Como ya se esperaba, el colegio de tres jueces, incluido Carlos Eduardo Lenz, rechazó el recurso de Lula y le condenó a 12 años de cárcel. 

La decisión prácticamente acabó con las posibilidades de Lula para presentarse a la presidencia. Sus abogados, entonces, ingresaron con un habeas corpus en el Supremo Tribunal Federal (STF) para evitar la detención del ex presidente. 

Violencia en las redes sociales y en las calles

La disputa en torno a Lula fue acompañada de más retrocesos a la democracia brasileña. En Internet, grupos de extrema derecha ampliaron su alcance. El Movimiento Brasil Libre (MBL), que lideró las manifestaciones contra Dilma, fue considerado el mayor propagador de “fakenews” en el facebook. En la red social también crece el discurso de odio, articulado por grupos organizados y "robos" que diseminan contenidos de cuño fascista y estimulan la violencia contra grupos de izquierda.

La concreción de las amenazas se produjo en dos casos recientes en el país. El más trágico fue el asesinato de la concejal Marielle Franco (PSOL), mujer negra, oriunda de la favela de la Maré, en Río de Janeiro, y una de las candidatas más votadas, elegida por un partido de izquierda. Marielle venía denunciando la actuación de las milicias - grupos de policías que disputan con los traficantes el control de regiones en la ciudad - y era contraria a la intervención militar en Río de Janeiro.

La medida, autorizada por Temer en febrero de 2018, dio plenos poderes al Ejército para comandar la Seguridad Pública de Río de Janeiro. La intervención militar en Río es vista como otra amenaza a la democracia. En contraste con esa medida, Marielle fue ejecutada el 14 de marzo y sus asesinos aún no han sido identificados.

Otro caso grave fue el atentado contra la caravana del ex presidente Lula. El 27 de marzo, uno de los autobuses que llevaba políticos y aliados al mitin de Lula fue apuntado con tres tiros. Nadie resultó herido. Los grandes medios de comunicación minimizaron los ataques. 

Lula en la cárcel

En medio del caos político vivido en el país, las atenciones se volvieron al Supremo Tribunal Federal, que juzgaría el habeas corpus de Lula. Los días que precedieron al juicio fueron marcados por gran presión sobre los jueces. Las grandes empresas de medios de Brasil reproducían en sus noticieros los anhelos de determinados sectores del país por la prisión del ex-presidente. En la víspera del juicio, el programa de mayor audiencia de la televisión brasileña - el Jornal Nacional, de la TV Globo - terminó su edición trayendo una amenaza hecha por generales del alto escalón del ejército. 

En su twitter, el comandante Villas Boas afirmó repudiar la "impunidad" y que el Ejército estaba "atento" y preparado para "cumplir su misión institucional". Un general de la reserva, Luiz Gonzaga Schroeder, también ya había dicho que a depender de la decisión del Supremo, quedaría como recurso "la reacción armada" y que "es deber de las Fuerzas Armadas restaurar el orden".

Bajo ese clima de tensión los once jueces del Supremo Tribunal Federal de Brasil iniciaron el juicio el día 4 de abril. El voto de diez jueces ya se sabía, ya que ellos se habían se manifestado anteriormente al respecto. La principal duda se quedaba sobre el voto de la ministra Rosa Weber que en otros procesos judiciales había votado contra el encarcelamiento en segunda instancia.

Sin embargo, la ministra rechazó el requerimiento de habeas corpus y su voto fue decisivo para el resultado del juicio. Es muy probable que el ex-presidente Lula sea arrestado todavía en abril. En ese mismo mes también serán oficializadas las candidaturas para las próximas elecciones que van a ocurrir en octubre, donde, quien lidera las encuestas - en el escenario sin Lula - es un capitán de la reserva del Ejército nacional, de extrema-derecha.

Alex Pegna Hercog – Comunicador Social desde Brasil para ANRed




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