22 de diciembre de 2017

Medios

Fusión en caliente: bono navideño para el Grupo Clarín

Con una resolución del Enacom, el Gobierno dio el primer paso formal para resolver la aprobación de la fusión más grande de la historia de las comunicaciones argentinas: Cablevisión + Telecom Por Martín Becerra | LetraP.


El gobierno de Mauricio Macri bendijo este jueves la fusión entre Cablevisión y Telecom que sus principales accionistas, el Grupo Clarín (en rigor, Cablevisión Holding) y Fintech (David Martínez) habían anunciado en junio y cuya integración gerencial concretaron en los últimos meses. Pero, para que la aprobación oficial se complete, resta ahora la intervención de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), dependiente de la Secretaría de Comercio. Junto con la fusión, el Presidente firmaría un nuevo decreto con el que buscaría compensar a otros potentes conglomerados competidores de Cablevisión/Telecom, como Telefónica y Claro, habilitándolas a prestar servicios de tv paga por satélite (DTH). Recién después de ese decreto modificatorio de sus decretos previos y del dictamen de la CNDC, se completarán las reglas de juego para 2018.

La resolución del ente gubernamental de comunicaciones (Enacom) había sido ya anunciada en las semanas previas por el ministro de Modernización, Andrés Ibarra (de quien depende la Enacom), se inscribe en una profusa y contradictoria actividad regulatoria vía decretos por parte del Gobierno nacional y respalda la mayor concentración comunicacional de la historia argentina, que, por la cantidad de mercados que comprende, es inédita también en el resto de América Latina. No hay en la región un grupo que detente posición de dominio en todos los eslabones de la cadena productiva en información, comunicación y datos que tiene el conglomerado resultante de la fusión. Las únicas observaciones a la fusión por parte del Enacom radican en el impacto en el mercado y no en los derechos ciudadanos afectados por la concentración excesiva de las comunicaciones.

Cablevisión/Telecom concentrará a nivel nacional el 42% de la telefonía fija, el 34% de la telefonía móvil, el 56% de las conexiones a Internet por banda ancha fija, el 35% de conectividad móvil y el 40% de tv paga. Los recursos que dominará exceden lo permitido por ley en el caso del espectro radioeléctrico para telefonía móvil y son facilidades esenciales por tratarse de redes troncales, sobre todo en las zonas centro y norte del país, donde Telecom es el operador incumbente del servicio público de telefonía. Es decir, el dominio de mercado de la fusionada es mucho más elevado en las zonas de mayor poder adquisitivo y concentración demográfica, donde el nuevo conglomerado será monopólico (único operador) en las principales ciudades en varios de los mercados infocomunicacionales, como, por ejemplo, en banda ancha fija en Rosario, Córdoba y todo el corredor norte del Gran Buenos Aires, o en tv paga en Córdoba, Santa Fe o Salta.

En al menos 130 localidades donde había dos compañías para competir en la oferta de prestaciones del cuádruple play, ahora habrá una. La fusión producirá un monopolio y una reducción de la competencia como efecto del movimiento concentrador del mercado.

En su resolución de este jueves, el Gobierno señala que la fusionada deberá devolver bandas de espectro en telefonía móvil dado que supera el límite de 140Mhz permitido si suma las licencias de Personal (Telecom) y Nextel (Grupo Clarín), que supera los 230 Mhz. En este aspecto, la fusión sepulta un eje discursivo de la política oficial de comunicaciones que, desde diciembre de 2015, prometía inyectar nueva competencia y abrir la telefonía móvil a un cuarto operador. Lejos de eso, la fusión elimina un competidor en un mercado que el propio gobierno reconoció como muy concentrado.

Además, en una atribución que parecía corresponder más a la CNDC que al Enacom, éste indicó que en las localidades donde se constituya un monopolio en conectividad a Internet, pues la fusión también supondrá allí la desaparición de competencia (en muchas ciudades de la mitad norte del país, donde los únicos prestadores son Fibertel y Arnet), el conglomerado fusionado deberá compartir su red a precios mayoristas -regulados- durante dos años (renovables) para que otros actores puedan ofrecer servicios sobre la misma.

La CNDC tendrá 45 días para la ciclópea tarea de examinar el impacto de la fusión en mercados directos como los de telefonía fija, móvil, conectividad a Internet y tv por cable, donde incluso podría recomendar la desinversión de redes duplicadas en determinadas ciudades. Además, según la Ley de Defensa de la Competencia vigente, la CNDC tendría también que evaluar el impacto indirecto de la fusión por la paquetización de servicios con otros segmentos con los que la fusionada tiene vínculo orgánico (contenidos audiovisuales exclusivos, por ejemplo).

Como el proceso de fusión fue diseñado para que fuera Telecom la que absorbiera Cablevisión, en diez días la fusionada podrá comenzar a comercializar un paquete de cuádruple play en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, según estipulan el DNU 267/15 y el Decreto 1340/16 de Macri. Si éste no modifica esta restricción geográfica, Cablevisión -en el marco de la fusión- no estaría en condiciones legales de seguir ofreciendo tv cable en el resto del país. Por ello, es un secreto a voces que el Presidente corregirá sus anteriores decretos, a la vez que buscará compensar a Telefónica y a Claro autorizándolas a brindar tv satelital (DTH) en los grandes centros urbanos pues, de lo contrario, la consigna de que "en enero de 2018 comienza la convergencia" sólo será aprovechada por el Grupo Clarín a través de la fusionada.

La CNDC se enfrenta ahora a un desafío que involucra desde la presión política de la Casa Rosada para avalar la fusión, pasando por la comprensión de la complejidad y ramificaciones que tiene esta concentración inédita del mercado infocomunicacional en plena mutación convergente, hasta la armonización con las normas vigentes en materia de defensa de la competencia y con los antecedentes (algunos, sumamente interesantes) de intervenciones y dictámenes donde la CNDC impulsó medidas estructurales para evitar el abuso de posición dominante en otros mercados.

En efecto, el conglomerado resultante de la fusión tendrá posición dominante en casi todos los segmentos donde actúa. En algunos de ellos tendrá, además, un dominio significativo de mercado que puede definirse como la capacidad de establecer de facto las reglas de juego del sector prescindiendo de la competencia, como en la banda ancha fija y la tv por cable.

La fusión da origen a una compañía cuyo paquete mayoritario dentro de un año será de Cablevisión, que además tendrá la dirección y gestión operativa desde el inicio de las actividades. Telecom Argentina está valuada en 5.000 millones de dólares y Cablevisión, en 6111,11 millones de la misma moneda. La diferencia en la valoración de ambas compañías expresa el diferencial tecnológico de la red fija y la eficaz apuesta por la inversión en su mejora por parte de Cablevisión/Fibertel, incluso en el contexto de guerra abierta contra los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, en que, sin embargo, no detuvo su crecimiento y su capitalización. La suma de ambas compañías coloca al conglomerado resultante como el segundo en importancia de las firmas argentinas que cotizan en bolsa.

Además del impacto de la fusión en el ámbito de las telecomunicaciones, de la conectividad a Internet y de la tv paga, el Grupo Clarín es el mayor editor de diarios del país, es propietario de radios líderes en AM (Radio Mitre) y FM (La 100) y de una de las cadenas de televisión abiertas más importantes (El Trece), además de ser accionista mayoritario en Papel Prensa S.A. y poseer varias señales de tv paga.

La Argentina cuenta con una especificidad en el sector audiovisual, donde conviven gigantes como el Grupo Clarín, Viacom y DirecTV (AT&T) con un ecosistema diverso y variado con gran cantidad de actores pequeños y medianos que son, en términos comparativos, más intensivos en la generación de empleo que las compañías grandes (que, lógicamente, tienen, en términos absolutos, mayor incidencia en el total de empleo sectorial). Hay, por ejemplo, cerca de mil cableoperadores, la mayoría de los cuales son pequeños, medianos y cooperativos que, a la vez, brindan conectividad a Internet (el número de proveedores de conexión a Internet fija en el país se estima en 3.000). Si bien las telecomunicaciones son más concentradas, también allí se registra una dinámica que, hasta ahora, impidió que los grandes operadores -que invirtieron mucho menos en la modernización de las redes físicas que Cablevisión- arrasaran a los más pequeños.

El Estado podría atenuar los efectos anticompetitivos de la concentración del sector si tomara conciencia del caudal singular que significa la diversidad de actores en las comunicaciones. Razones políticas, culturales y también económicas sostendrían una estrategia de protección y promoción de la diversidad y de la competencia. Las tradiciones de respeto a la defensa de la competencia, por un lado, y la del derecho a la cultura y a la libertad de expresión, por el otro, aportan empiria, recursos y jurisprudencia argentina (Constitución, leyes audiovisuales y de defensa de la competencia), como continental (por ejemplo, el fallo de la Corte Interamericana de DDHH por el caso Granier vs. Venezuela).

Como hace diez años, cuando el 7 de diciembre de 2007 el ex presidente Néstor Kirchner autorizó la fusión entre Cablevisión y Multicanal, el Enacom renunció a la consideración del caso desde la perspectiva de los derechos ciudadanos con su resolución de este jueves, que en las redes sociales era aludida como bono navideño, y no es materia central de Defensa de la Competencia analizarlos.




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