2 de noviembre de 2017

Culturas

“Es una película que te transporta y te hace vivir en los ‘70”

El pasado 19 de octubre se estrenó Sinfonía para Ana, la primera ficción de los reconocidos documentalistas Virna Molina y Ernesto Ardito. El film nos sumerge en las luchas y las apasiones de una militante del Colegio Nacional Buenos Aires en los años previos al golpe. ANRed dialogó con los realizadores.


Una amistad del alma, el primer amor, la militancia en el secundario… Muchas cosas vive Ana en los dos años que retrata esta película (mediados de 1974-mediados de 1976), años de política y “plomo”. Ambientada centralmente en el Colegio Nacional Buenos Aires (institución golpeada con más de 100 desaparecidos por los militares en la última dictadura) y basada en un la novela homónima de Gaby Meik (muy difícil de hallar hoy), este conmovedor film retrata, de manera intimista y poética, los sueños, esperanzas y miedos de una generación militante.

Sinfonía para Ana es un gran debut en la ficción para Virna Molina y Ernesto Ardito, una pareja de realizadores de numerosos documentales, como Raymundo, sobre el director desaparecido y militante del PRT-ERP Raymundo Gleyzer. La Agencia de Noticias Redacción dialogó con ellos.

- ¿Cómo surgió el proyecto de hacer Sinfonía para Ana?

- El proyecto surgió a partir de que la novela llegó a nuestras manos. Esto fue en el contexto del armado de un documental que se llamó El futuro es nuestro, que narra la historia de los alumnos desaparecidos del Colegio Nacional de Buenos Aires. A Gaby Meik, la escritora, también la entrevistamos para el documental, entablamos una amistad y le propusimos adaptar Sinfonía para Ana, una novela que al leerla no pudimos parar de llorar y emocionarnos y vimos en el texto la posibilidad de pasar a la ficción, ya que nos permitía transitar aspectos muy íntimos y desde la subjetividad real y psicológica de una adolescente de los ‘70. En el cine documental siempre uno encuentra un límite y tiene que ver con que solo cuenta con material de archivo o entrevistas que revisan el pasado desde la actualidad, es decir, desde los adolescentes ya grandes y no desde ellos mismos en ese momento. Tanto la novela como la película permiten viajar en el tiempo y meterse en lo que sentían los personajes en ese momento.

La adaptación sumó toda la investigación del documental El futuro es nuestro en cuanto al contexto de la lucha estudiantil y la posibilidad de acceder a poemas, cartas, fotos, películas en súper 8 de los personajes reales.

- ¿Costó mucho el salto del documental a la ficción?

- Costó en los primeros días de rodaje al encontrarnos con un equipo técnico numeroso y los actores, ya que el documentalismo es una tarea solitaria en donde uno resuelve todo prácticamente por sí mismo y más nosotros que hacemos todos los roles técnicos. Y en la ficción tuvimos que aprender a delegar. De todos modos, potenciamos el rodaje desde nuestra práctica documental, es decir, nosotros hicimos las cámaras, ensayábamos con los actores y los extras las reconstrucciones de una situación o un clima dramático y luego nos hacíamos invisibles con la cámara y empezábamos a filmar entre los actores muy cerca de ellos, como si fuera un registro documental que rescatara no la totalidad, sino las impresiones más fuertes. Por esto se trabaja tanto el primer plano. Como si el espectador pudiera viajar en el tiempo y ser partícipe de un hecho en primera persona, estando ahí a unos pocos centímetros de cada protagonista. No es una película que reconstruye los ’70, sino que te transporta y te hace vivir en los ‘70. Desde la fotografía, la puesta de cámara y el diseño de arte, se busca precisamente un realismo tal que parece no solo una película hecha en los ‘70, sino también dirigida por los mismos protagonistas, por adolescentes de esos años.

- ¿Cómo fue el proceso de realización?

- Algo fundamental es que la mayoría de los actores tenían entre 16 y 18 años, es decir, que habían nacido a fines de los ‘90 y en el casting ni siquiera sabían como se usaba un teléfono con dial. Por esto se trabajó mucho con ellos el contexto histórico-cultural, las costumbres, las palabras que se usaban. Y el aspecto político por supuesto, desde los hechos y lo ideológico.

El casting se comenzó con alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires y tuvieron tan buena respuesta que prácticamente todo el elenco juvenil quedó de esa camada. Fue muy fuerte para ellos filmar en el colegio vacío, porque filmamos en vacaciones de invierno; en el mismo espacio, las mismas aulas, los mismos pasillos, donde habían sucedido los hechos reales que estábamos narrando y por donde había transitado la generación de estudiantes que ellos estaban representando actoralmente. Fue un clima muy enrarecido y conmovedor que superó el hecho mismo cinematográfico de realizar una película. Se reconstruyeron escenas muy duras y muy dramáticas en donde hasta los extras, que también eran alumnos del colegio, se emocionaron o reaccionaron, como en el velorio de un compañero asesinado por la Triple A.

- ¿Cómo fue el trabajo con la música?

- Nosotros componemos las bandas musicales desde la serie Memoria Iluminada sobre Cortázar y Borges que estrenamos por canal Encuentro. Como trabajamos muchísimo el montaje, hacer la música en paralelo a la construcción de la escena en posproducción nos ayuda para encontrar el punto definitivo de la misma desde los dramático, estético y rítmico. La música es muy dulce y romántica, queríamos que se respirara el clima de esos primeros ‘70 donde la música romántica y de telenovela estaba en su apogeo y, por más que no consumieras esos productos culturales, se filtraba por todas partes. Cada elemento forma parte del arte que te hace viajar a esos años, la música, el vestuario, la fotografía, los muebles, el tipo de planos, los diálogos, todos pequeños elementos que sumados dan el resultado final, pero por separado uno dice ¿que es esto? ¿Por qué esta música que parece de Roberto Carlos en una película estrenada en 2017? Si hubiera tenido una música más minimalista o moderna, creemos que traicionaríamos el universo sensorial de los personajes reales.

- ¿Qué recorrido tuvo el film en el exterior?

- La película se estrenó mundialmente en el Festival Internacional de Cine de Moscú en junio pasado. Hacía 13 años que un film argentino no participaba de la Competencia Internacional de ese Festival. Allí obtuvo el Premio de la Crítica que es el máximo reconocimiento que otorga la Asociación de Críticos de Cine de Rusia. A su vez, estuvo entre las tres películas más votadas por el público que la ovacionó en la mítica sala Octubre (Oktiabr) para 1.300 espectadores. Allí se puso a prueba la universalidad del relato.

Luego, el estreno latinoamericano fue en el Festival de Gramado, el más importante de la industria de Brasil, en donde ganó los premios a Mejor Película y Mejor Fotografía en la competencia extranjera.

- ¿Qué diferencias notan entre la militancia de los setenta y la actual, en particular en relación a los estudiantes secundarios?

- Las ideas, los objetivos y ciertas herramientas de lucha, como la toma del colegio, son iguales. El contexto histórico mundial es diferente y eso cambia toda la paleta de colores.

- ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

- Para 2018, dos documentales. Uno sobre la historia de la militancia gay en Argentina, Nuestro mundo, y el otro Retratos de futuro, un ensayo tecno-científico y social. Para 2019, una ficción rodada en la Patagonia sobre una familia nazi que vive en la semiclandestinidad en los años ‘50, esperando el Cuarto Reich. Se llama La bruja de Hitler.

Para ver los cines y las funciones, ingresar a guia.lanacion.com.ar/cine/pelicula/sinfonia-para-ana-pe8079.

Trailer:vimeo.com/204454585.




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