28 de octubre de 2017

Nacional

Punto de inflexión para todas las fuerzas políticas

Las elecciones generales del domingo pasado confirmaron con creces los pronósticos previos. Cambiemos se consolida como fuerza nacional, el peronismo agudiza su crisis interna, la izquierda superó las expectativas. Por Eduardo Lucita.


En un hecho inédito, el cierre de campaña fue sin campañas. Cuando se estaba transitando la etapa final de este anodino proceso electoral, con un temario compuesto más por cuestiones judiciales sobre ex funcionarios que por proposiciones políticas concretas, el “Caso Maldonado” irrumpió con fuerza propia desplazando el centro del debate. Sin embargo no parece haber influenciado en los resultados.

Uno de los principales analistas políticos del régimen se planteaba “¿Es posible convalidar un menú de reformas favorables al mercado en un país con 30% de pobreza, cuando los resultados económicos no son todavía rutilantes?” Con los resultados en la mano esa incertidumbre se transformó en certeza. Si el gobierno fue capaz de capitalizar los resultados de las PASO luego de las generales se relegitima y Cambiemos se consolida como fuerza política nacional con vocación de mayorías.

Al obtener poco más de diez millones de votos triunfó a nivel nacional con el 41.6 por ciento, ganó en cinco de los siete principales distritos del país, entre ellos la simbólica Provincia de Buenos Aires, dio vuelta los resultados en cinco provincias y amplió su representación parlamentaria en ambas cámaras, con lo que aún siendo minoría está en mejores condiciones de negociación. El gobierno pasó exitosamente el test de gobernabilidad de medio camino y se fortalecieron sus principales figuras (M. Macri, H. Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal) que ya piensan en sus futuras reelecciones.

Los mercados lo anunciaron

Como se decía en tiempos de Carlos Menem, los mercados hablaron. Cuando CFK presentó su candidatura enunciando una serie de propuestas, entre ellas revisar la deuda tomada por este gobierno -algo que no volvió a mencionar en su campaña- los bonos y acciones se desplomaron, el riesgo país subió y el dólar trepó hasta casi los 18 pesos por unidad. Por el contrario, con los resultados de las PASO, bonos y acciones subieron día tras día, el Merval batió récords, el dólar se estabilizó y el riesgo país bajó. Los mercados anticipaban los resultados electorales y daban por descontado el triunfo oficialista.

Ni los datos de la inflación, 1.9 por ciento en septiembre que augura un 22-23 al año, ni los alertas que se encienden por el rojo creciente del comercio exterior, pudieron aplacar el entusiasmo de los asistentes al 53° Coloquio de IDEA, que en número de 900 se dieron cita en Mar del Plata -empresarios, sindicalistas, mediáticos, funcionarios- bajo el sugestivo lema de Transformando NOS. El terreno ya había sido abonado por los grandes medios hegemónicos y los comunicadores gubernamentales que crearon una ola de optimismo. El lunes 23 el capital mostró que está de fiesta, la bolsa volvió a batir récords históricos y el riesgo país toco su piso más bajo en una década.

El peronismo en su laberinto

El llamado pan-peronismo ha sido el gran derrotado de estas elecciones. No solo porque perdió por tercera vez consecutiva en el bastión de Provincia de Buenos Aires, Cambiemos derrotó allí a Unidad Ciudadana, 41.4 a 37.2, sino que a nivel nacional prácticamente empataron, Cambiemos 41.6 y el Pan-peronismo 42.30 (suponiendo que los votos a UC, a 1País y a Cumplir fueran sumables).

Cristina Fernández de Kirchner fue derrotada pero obtuvo 3.5 millones de votos y el kirchnerismo a nivel nacional alcanzó los 4.7 millones de votantes (sumando los votos de Salta, Tierra del Fuego, Santa Cruz, Santa Fe y CABA). En paralelo los gobernadores peronistas vieron debilitadas sus performances electorales (de hecho el kirchnerismo sumó más bancas que ellos) siendo además que todas esas provincias tienen escasos recursos y dependen del auxilio del Tesoro lo que los hace vulnerables frente al gobierno nacional. Difícilmente una recomposición del peronismo pueda prescindir del kirchnerismo, al mismo tiempo cualquier recomposición, aún bajo el eventual liderazgo de CFK, será a derecha de lo que supo ser el kirchnerismo.

Sin embargo si el kirchnerismo quedara fuera de la recomposición se posicionaría nuevamente en el centro izquierda y convocaría a otros sectores de esa franja que hoy están fuera de juego

La izquierda

En notas anteriores hemos señalado la subordinación de la UCR al PRO y el hundimiento del centroizquierda progresista -PS/GEN/Libres del Sur- en contrapartida ningún análisis del cuadro político-electoral puede prescindir ya de incluir a la izquierda anticapitalista que en conjunto logró el 5.7 por ciento de los votos a nivel nacional, 1,345 millones. El FIT volvió a ser el centro obteniendo 1,2 millones de votos, un 35 por ciento más que en las PASO, aunque menor a la votación del 2013. Logró renovar dos de las tres bancas en juego, quedando a centésimas de ganar nuevos diputados por Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Jujuy -una extraordinaria elección- y muy buenos resultados en varias provincias que en conjunto incrementan su representación institucional.

¿Consolidación del rumbo?

Ya no es discutible si las elecciones presidenciales del 2015 abrieron un nuevo rumbo económico y político en el país. Lo que se discute ahora es su perdurabilidad y extensión en el tiempo. Los resultados de las urnas constituyen un punto de inflexión, no en el sentido de ruptura que inaugura una nueva etapa -como estiman muchos analistas- sino en el sentido que ese curso se profundizará de ahora en más. El establischment festeja pero sabe que los próximos dos años son decisivos y exige que el gradualismo sui géneris del gobierno apure su ritmo en 2018, año no electoral. El presidente Macri ya adelantó que se viene un tiempo de “reformismo permanente” y convocó a un amplio acuerdo para consensuar las reformas. Como en el viejo dicho, “machaca sobre el hierro caliente”

No todo está definido

Esta consolidación del neoconservadurismo aggiornado que expresa Cambiemos se asienta en una trípode: el triunfo electoral (más amplio de lo pensado, ocho puntos sobre el 2015); la desorganización del peronismo (múltiples fracturas internas que dificultan su reorganización) y los brotes verdes de la economía (retrasados y débiles, pero brotes al fin).

Sobre esta base es que los poderes facticos se alinearon rápidamente: el establishment lo dejó en claro en el Coloquio de Idea (incluso algunos empresarios de primera línea se anotaron como fiscales); el poder judicial acelera los juicios a opositores (y desestima rápidamente los que afectan al oficialismo) mientras que las cúpulas sindicales (esos “Dadores voluntarios de gobernabilidad” según la filosa verba de Jorge Asís) dan muestras cotidianas de disciplinamiento.

Sin embargo no hay que confundir consensos electorales con hegemonía política, esta se jugará en el 2019. Por ahora el macrismo congrega diversas individualidades agregadas, que se expresan puntualmente y luego regresan a sus intereses particulares, sus voluntades políticas son muy volubles y no pueden quedarse estacionadas para siempre en las expectativas. El porvenir del gobierno está atado políticamente al colaboracionismo del peronismo y económicamente al crecimiento. Este a las inversiones y estas al panorama internacional. Todo está por verse.

El futuro que se prepara no es alentador pero todo se resolverá en el terreno de la lucha de clases y aquí la izquierda tiene que jugar el capital político que acumuló. Se abre un debate sobre cómo articular un frente defensivo amplio que enfrente la ofensiva del capital y al mismo tiempo discuta como ampliar el frente político en torno a un proyecto de país distinto del que nos ofrecen el capital y su Estado.

Eduardo Lucita, integrante de Economistas de Izquierda (EDI).




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