16 de octubre de 2017

Internacional

Los votos de los venezolanos

Con un abstención de casi el 39 por ciento, el gobierno -que gobernaba en 20 estados sobre 23- ganó 17 gobernaciones (que podrían llegar a 18, si conquista también Bolívar) y obtuvo una amplia mayoría de votantes. Además, le quitó la gobernación del poblado estado de Miranda a Henrique Capriles, uno de los golpistas de la oposición. Por Guillermo Almeyra.


Como cuando la masiva participación en las elecciones constituyentes, la mayoría del pueblo venezolano votó nuevamente por una solución pacífica y política a la crisis institucional y contra el golpe que desde el exterior promueven Estados Unidos y el secretario de la OEA, Luis Almagro.

Estas elecciones fueron impuestas a la oposición por el fracaso de los intentos golpistas y de su referéndum ilegal, que la dividieron. Su resultado es una victoria política de la sensatez y del gobierno y refuerza en la oposición misma a los partidarios del diálogo, como Acción Democrática, que ganó 4 de las cinco gobernaciones hoy en manos opositoras, aislando más a los golpistas, a Almagro y a la Conferencia Episcopal.
El pueblo venezolano reiteró que no quiere una guerra civil y muchos menos aún una invasión extranjera.

Pero eso no quiere decir que la mayoría de los votantes le hayan dado un voto en blanco a Maduro ni que apoyen sus políticas. Por el contrario, con más oxígeno democrático, redoblarán las protestas por la pasividad gubernamental ante la especulación, por la terrible crisis económica, por las políticas antidemocráticas y antiambientales de Maduro que sólo busca reforzar el poder de la boliburguesía y de las Fuerzas Armadas que son su principal apoyo.

Maduro tiene a su favor la voluntad de paz y el rechazo a la amenaza imperialista, pero tiene en contra su propia impotencia (en el mejor de los casos) y su incapacidad en lo económico. Contra la especulación se limita a controles burocráticos-policiales y no ha resuelto ni la especulación con la tasa de cambio, ni el acaparamiento de alimentos, ni la sangría de divisas que van al exterior y no ha tomado ninguna medida anticapitalista de fondo y ha burocratizado e institucionalizado en cambio todas las organizaciones que Chávez esperaba sirviesen para crear poder popular y sustituir el poder estatal capitalista. El PSUV no es más que una eficiente máquina electoral y la voz de los trabajadores es acallada por las autoridades. Ahora bien, precisamente porque ganó la batalla electoral, Maduro deberá hacer frente ahora a las exigencias sociales ante la crisis económica que se profundiza.

Por eso el madurismo acrítico es tan criminal como los llamados de los ultraizquierdistas enloquecidos a derribar de inmediato a Maduro. Los socialistas apoyamos las medidas de defensa frente al imperialismo pero nos oponemos a las políticas capitalistas de Maduro.




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