9 de octubre de 2017

Trabajadoras/es

Nuevos acuerdos de libre comercio: La brutalidad de las cadenas transnacionales de suministro, normalizada

Los nuevos acuerdos de comercio, escritos por y para los intereses corporativos, perjudican a los trabajadores, comunidades y al medio ambiente. Las disposiciones de estos nuevos acuerdos de comercio transforman a la mayoría de los países en desarrollo en fuente de mano de obra barata y desprotegida al servicio de las empresas transnacionales. Los derechos laborales están siendo redefinidos de modos que permiten que las compañías transnacionales impongan brutales condiciones laborales. Si estos tratados se firman y ratifican, la única protección legal que quedará en pie será la abolición de la esclavitud. Toda la otra amplia gama de derechos laborales pueden ser descartados por las empresas. Por Grain.


Desde que las empresas transnacionales empezaron a externalizar la manufactura hacia lugares donde prevalecen o se toleran salarios muy bajos, estándares de seguridad mínimos o inexistentes, e incluso la esclavitud, las cadenas transnacionales de suministro son un actor económico en expansión. Aunque han existido desde la época colonial, las cadenas de suministro han emergido con fuerza en su forma moderna gracias a los acuerdos de libre comercio. Diversas fuentes señalan que estas cadenas llegan a manejar, actualmente, entre 30 y 60 por ciento de todo el comercio mundial y dependen del trabajo de más de 100 millones de trabajadores a nivel mundial.

Las cadenas transnacionales de suministro dependen fuerte y críticamente de las normas comerciales. Por consiguiente, han llegado a ser protagonistas en los últimos acuerdos y negociaciones sobre comercio. Algunos de los contenidos del Acuerdo Transpacífico (TPP) son muy reveladores acerca de lo que pasará si se implementa el TPP u otros tratados de comercio similares: en tanto las cadenas de suministro se expandan, las condiciones laborales continuarán deteriorándose. Las rebajas de impuesto a las corporaciones, la mayor concentración y la integración vertical de las empresas, así como una nueva era de privilegios empresariales serán también parte del menú.

Este informe se centra en los impactos previsibles de las disposiciones del TPP sobre las condiciones laborales.

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El comercio mundial de plátanos está controlado por unas pocas compañías transnacionales verticalmente integradas que dominan toda la cadena de suministro, desde la producción hasta el empaque, embarque y comercialización. Foto: Lupita Aguila Arteaga, STITCH

¿Qué es una cadena transnacional de suministro?

Las cadenas transnacionales de suministro son redes de empresas locales que abastecen las demandas de corporaciones transnacionales, principalmente de materias primas y partes de bienes manufacturados. En menor grado, también proveen servicios. Los “call center” son, quizás, los ejemplos más conocidos pero otros servicios como los de correo, ventas al detalle, servicios post venta y servicios de trasporte, han ido creciendo en importancia. Las corporaciones transnacionales fijan los términos del intercambio: calidad, precio, cantidades y plazos, dejando a las empresas proveedoras que fijen las condiciones de trabajo, seguridad y manejo del medio ambiente.

Un aspecto definitorio de las cadenas de suministro es la fragmentación de los procesos de producción y comercialización en tantas partes como sea necesario para maximizar los beneficios. La producción de cada componente es externalizada a diferentes empresas en el extranjero y luego compradas para obtener y comercializar el producto final. Con el fin de maximizar sus utilidades, las compañías externalizan la producción hacia países donde la mano de obra sea más barata, los impuestos más bajos, las regulaciones más permisivas y las posibilidades de litigios o reclamos sean mínimas. Una sola transnacional puede tener cientos o miles de empresas proveedoras.

El acuerdo TPP define las cadenas transnacionales de suministro de la siguiente forma:

“Una red transfronteriza de empresas que operan conjuntamente como un sistema integrado para diseñar, desarrollar, producir, comercializar, distribuir, transportar y entregar productos y servicios a los clientes.”
Tratado Trans-Pacifico de Cooperación Económica, Capítulo 22, Competitividad y Facilitación de Negocios, Artículo 22.1

y las transforma en un componente central del capítulo sobre políticas de competitividad y facilitación de negocios. Los países signatarios se comprometen a promover estas políticas. Sin embargo, el que las cadenas transnacionales de suministro estén definidas en este capítulo es una paradoja, ya que su nivel de concentración e integración impide la competencia.

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Alrededor de 1300 personas perdieron la vida cuando una fábrica de nueve pisos conocida como Rana Plaza colapsó en Dakha, Bangladesh. La mayoría de los muertos y heridos eran trabajadores del sector textil. Foto: Munir Uz Zaman/AFP/Getty Images

Los trabajadores, víctimas de los mayores abusos

El trabajo barato, explotado y desprotegido es la clave del éxito de las cadenas transnacionales de suministro y la principal razón para externalizarlo. Como lo señalan numerosos artículos especializados, la tecnología de la información les ha abierto posibilidades y la brecha salarial las hizo rentables. La externalización brinda otras ventajas a las compañías transnacionales: les permite convertirse en empleadores ausentes o fantasmas, invisibles e inalcanzables para los obreros y, por tanto, libres de obligaciones legales. En caso de accidentes o violaciones a los derechos humanos, cualquier litigio contra ellas es prácticamente imposible. No pagan ningún tipo de seguros o indemnizaciones. Las huelgas las afectan mínimamente -el peor escenario para las transnacionales es que los embarques se atrasen. Cualquier costo adicional causado por una huelga -como contratar trabajadores que reemplacen a quienes están en paro- es asumido por el proveedor y no por la transnacional.

El “ausentismo” es tan importante para las transnacionales, que han logrado introducir un nuevo lenguaje en los últimos tratados de libre comercio que les permite no tener presencia física en los países donde operan. Hasta ahora estas disposiciones son aplicables sólo al comercio de servicios. Pero sólo es cuestión de tiempo para que se apliquen a cualquier forma de comercio transnacional.

Otro participante de esta fórmula es el proveedor, la persona o empresa local que actúa como empleador legal. Los proveedores no son estables sino prescindibles. Los pedidos de productos o servicios son subastados entre ellos, tal como se describe en el recuadro más abajo y, habitualmente, lo obtiene el proveedor cuya oferta suponga el menor costo para la transnacional. Descartar un proveedor por otro más rentable es una práctica crucial y recurrente que instala una competencia permanente entre proveedores e incluso entre países proveedores por ofrecer los acuerdos más ventajosos para las transnacionales. Por ejemplo, muchas de las maquiladoras instaladas en México se trasladaron a China y Bangladesh cuando los salarios mexicanos no pudieron seguir bajando.

Para los proveedores, los costos de la mano de obra son de máxima importancia para asegurar un contrato. Por lo tanto, no es sorprendente que las cadenas transnacionales de suministro a menudo dependan de condiciones de trabajo y salarios infames con el fin de abaratar al máximo posible los costos de esta mano de obra. Tampoco sorprende que utilicen esclavos y niños víctimas del tráfico de personas mediante redes del crimen organizado. Otras violaciones a los derechos humanos como no pagar horas extras, fijar cuotas de producción diarias o por hora inalcanzables, prohibir el uso de baños, encerrar a los empleados, el castigo físico, el abuso sexual, las prácticas antisindicales y amenazas, son habituales. El ejercicio del derecho a huelga es tan amenazante para las cadenas transnacionales que el llamado desasosiego laboral es mencionado entre las grandes amenazas para las cadenas transnacionales de suministro, lo mismo que el terrorismo y la guerra.

Lo que se aplica a los obreros urbanos, es generalmente peor para los trabajadores agrícolas. La fuerza laboral rural está, a menudo, más dispersa y menos organizada que la de las ciudades. Las fuerzas paramilitares y otras fuerzas represivas actúan más libremente en el campo. La tasa de analfabetismo es generalmente mayor en las áreas rurales reduciendo aún más la posibilidad de que los obreros usen herramientas legales para defenderse. Los políticos y autoridades usualmente no están interesados en proteger los derechos de campesinos y pobladores rurales. La población en general está menos informada de los abusos en el campo que los que ocurren en las ciudades, por lo que la solidaridad y la conciencia política son menos comunes. Como resultado, las áreas rurales son terreno fértil para la esclavitud y más aun en las grandes plantaciones. Confirman esta situación los casos de esclavitud reportados en plantaciones de palma aceitera en el sudeste asiático, de caña de azúcar en Brasil y de hortalizas en invernadero en México.

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Víctimas de trabajo forzado por región. Adaptado de: Global estimate of forced labour, OIT 2012.

Las cadenas transnacionales de suministro aseguran la rentabilidad del tráfico de personas

El historial laboral de las cadenas mundiales de suministro es tan malo que algunos países han tratado de cambiar la legislación para exigir que los productos que ingresen a su territorio no involucren mano de obra esclava. La Modern Slavery Act del Reino Unido es un ejemplo. Las grandes empresas tiene la obligación legal de presentar una declaración anual sobre esclavitud y tráfico humano ante el gobierno británico. Otros 50 países y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desarrollan protocolos y estándares voluntarios. Estos intentos protectores están lejos de ser efectivos y en realidad las compañías muestran muy poco interés en acatarlos.

“Se calcula que el lucro ilícito generado por los trabajadores víctimas del tráfico humano es de unos 32 mil millones de dólares anuales, mientras que el costo de la coerción ejercida sobre los trabajadores en forma de bajos salarios, deducciones, excesivos cargos y recargos se calcula en 21 mil millones de dólares. Algunos argumentan que esto hace del tráfico humano el tercer negocio más rentable a nivel mundial para el crimen organizado, después de las drogas y el comercio de armas.”
Philip Hunter y Quinn Kepes, “Human trafficking & global supply chains: A background paper”, Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Noviembre de 2012

“Una característica importante de las Cadenas Globales de Valor es la búsqueda de un “ajuste perfecto”: confeccionando el componente correcto de la cadena en el lugar correcto. Dado que el costo del transporte y las telecomunicaciones es comparativamente bajo, las compañías pueden obtener cada componente en cualquier parte del mundo. Una consecuencia de ello es que el costo de la mano de obra, especialmente para las cadenas de manufactura, continúe cayendo.”
Deborah Kay Elms, “Asia-Pacific megaregional free trade agreements: fostering global supply chains?”, Asian Trade Center, Septiembre de 2014

“Traicraft ha recogido ejemplos de denuncias en contra de compañías vinculadas al Reino Unido que comprenden desahucios forzosos, estándares de trabajo inaceptables, contaminación dañina a la salud y la subsistencia, e incluso golpizas y muertes. The Business and Human Right Centre ha documentado acusaciones contra 127 compañías británicas, la mayoría relativas a daños causados en países en desarrollo. A pesar de estas acusaciones, ninguna compañía británica ha sido procesada en el Reino Unido por un delito relacionado a daños graves cometidos en el extranjero.”
“Above the Law? Time to hold irresponsible companies to account” Traidcraft, Noviembre de 2015

La falsa promesa de más puestos de trabajo

Las cadenas transnacionales de suministro se han promocionado con la promesa de crear más puestos de trabajo. Sin embargo, la experiencia concreta es muy diferente. Según las estadísticas de la OIT, el desempleo está creciendo más rápidamente en los países “emergentes” y “en desarrollo” (los proveedores de las cadenas mundiales de suministro) que en los “desarrollados”. Las estadísticas también muestran que la mayoría de los nuevos empleos en los países no desarrollados se generan dentro de la economía informal.

Otras tendencias, como la tecnología de automatización, indican que un escenario probable es un decrecimiento en el número de puestos de trabajo. Diez de los veinte mayores mercados para la tecnología de automatización proveniente de Estados Unidos son países proveedores. Uno de los mercados de crecimiento más rápido para la manufactura automatizada es China. Informes indican que, con la tecnología actual, alrededor de 60 por ciento de todos los puestos de trabajo pueden ser automatizados en al menos el 30 por ciento de sus actividades. Y no hay que dejarse confundir: el propósito último de la automatización es reducir los costos de la mano de obra reduciendo el número de obreros, bajando sus salarios y/o aumentando las horas laborales sin mejorar los salarios.

Se legalizan nuevos y mayores abusos

Dado que el abuso y la violencia contra los trabajadores en las cadenas transnacionales de suministro se han generalizado y están bien documentados, sería de esperarse un esfuerzo mundial serio para controlar, prohibir y castigar dichas prácticas.

Sin embargo, lo que está siendo impuesto en los últimos acuerdos de comercio es exactamente lo contrario. Los tratados comerciales y las negociaciones están siendo usados para institucionalizar el abuso y para facilitarlo en países donde aún existen algunas protecciones laborales.

El acuerdo TPP no es una excepción. Este incluye la siguiente definición como parte de su capítulo sobre asuntos laborales:

“Leyes laborales significa las leyes y regulaciones, o disposiciones de las leyes y regulaciones, de una Parte, que están directamente relacionadas con los siguientes derechos laborales internacionalmente reconocidos:

-la libertad de asociación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva;
-la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio ;
-la abolición efectiva del trabajo infantil, una prohibición de las peores formas de trabajo infantil y otras protecciones laborales para niños y menores ;
-la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación; y
-condiciones aceptables de trabajo respecto a salarios mínimos, horas de trabajo y, seguridad y salud ocupacional; ”

Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, Capítulo 19, Laboral, Definiciones

Aunque el capítulo sobre asuntos laborales es permanentemente presentado como un avance para los tratados de comercio, ya que en éste se incluyen de forma explícita derechos laborales obligatorios, en realidad se trata de una grave y peligrosa vuelta atrás.

Lo que está implícito en el texto recién señalado es que cualquier otra legislación laboral existente no será considerada como tal bajo los términos del acuerdo y, por lo tanto principios y derechos fundamentales podrían ser cuestionados, suprimidos, desechados y entregados a cambio de promesas de inversión extranjera. Entre ellos y sólo para mencionar algunos: el derecho a huelga, a la salud, a vacaciones pagadas, a jubilación, a licencias médicas y de maternidad pagadas y a la protección contra el acoso. Y, si algún país aún los mantuviera, podrían ser demandados por las corporaciones transnacionales a través del infame sistema de Arbitraje de Controversias Inversionista-Estado (SDIE o ISDS por sus siglas en inglés).

Dos de las cuatro promesas hechas en el capítulo tienen relación con la eliminación de la esclavitud y el trabajo forzado, lo que en la mayoría de los países se abolió hace más de 50 años. El resto de los derechos mencionados como logros son sólo parte de la Declaración de la OIT relativa a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo, firmada hace casi 20 años como el mínimo que todos los países debieran respetar, y pueden ser derogados bajo ciertas condiciones.

¿Declaración Universal de Derechos Humanos? El Universo podría no incluir obreros

Por supuesto, el capítulo sobre asuntos laborales no es el único en el TPP que vulnera derechos y protecciones básicas. El capítulo sobre Propiedad Intelectual (DPI) llama a la abolición de derechos fundamentales como es el derecho a ser considerado inocente hasta establecerse la culpabilidad. Otro capítulo facilita el comercio de residuos peligrosos entre países miembros, convirtiendo en legal el vertido de dichas sustancias. Varios capítulos obligan a los países a consultar con las corporaciones transnacionales la redacción y aprobación de proyectos de ley, etcétera.

Algunas de estas vulneraciones están catalogadas como temores infundados por los gobiernos involucrados, argumentando que tanto las leyes nacionales como internacionales prevalecerán, con o sin TPP. Sin embargo, el TPP, por ejemplo, incluye el siguiente enredoso artículo:

“Si una Parte considera que una disposición de este Tratado es incompatible con una disposición de otro acuerdo en el que esta Parte y al menos otra Parte sean parte, a solicitud, de las Partes pertinentes del otro acuerdo consultarán con el fin de alcanzar una solución mutuamente satisfactoria. Este párrafo es sin perjuicio de los derechos y obligaciones de una Parte conforme al Capítulo 28 (Solución de Controversias).”
Acuerdo Trans-Pacifico de Cooperación Económica. Capítulo 1, Relación con otros acuerdos internacionales, Articulo 1.2.2

En otras palabras, si cualquier acuerdo internacional se convierte en un obstáculo para el comercio o inversión transnacional, puede ser dejado de lado, y los países que se nieguen pueden ser demandados utilizando el sistema de arbitraje de diferencias inversor-Estado.

Las convenciones de derechos humanos pueden llegar a ser inaplicables. En esta situación, el avance en los derechos fundamentales de los trabajadores dependerá más de la dinámica de poder detrás del sistema ISDS, que claramente favorece a los inversionistas, que de las sentencias de las cortes internacionales de derechos humanos.

El marco jurídico plasmado en el TPP no sólo institucionalizará el abuso hacia la parte trabajadora, sino que extenderá los posibles abusos hasta los países que aún mantienen ciertas protecciones legales. Un objetivo obvio es expandir los talleres de explotación laboral y la agricultura por contrato a países donde la fuerza laboral no es suficientemente barata ni desprotegida. Esto no significa que habrá más empleos disponibles; significa que aumentará la competencia entre países por proveer fuerza de trabajo más barata y desprotegida y que el más poderoso elemento de negociación de los países será desechar los derechos laborales que no estén incluidos en la estrecha y regresiva definición incluida en el TPP. El resultado final: salarios más bajos y menos protección legal para los trabajadores en todas partes.

Las malas o inhumanas condiciones de trabajo son sólo una más de las razones para rechazar la nueva oleada de tratados de libre comercio. Mucho se comenta en torno a si el retiro estadounidense de los tratados ya negociados permitiría que las políticas de comercio mejoraran. Se trata de todo lo contrario: el gobierno de Trump está tratando de conseguir disposiciones más abusivas y otros países industrializados usan la retórica de Trump para conseguir lo mismo. Sólo la difusión amplia y activa de información y las campañas de movilización podrán impedir esta amenaza. Nuestros derechos, nuestra libertad, nuestra dignidad y nuestro futuro están en juego.




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