26 de agosto de 2017

Nacional

Pasaron las PASO sin que la política jugara fuerte sus fichas

Pasaron las PASO y en general ha quedado un gusto a poco. Las primarias brillaron por su ausencia, la polarización fue efectiva, aunque no hubo debate ni confrontación de ideas. Más allá de los resultados, la gran perdedora fue la política. Por Eduardo Lucita.


En su concepción original estas primarias debían definir los candidatos de las distintas fuerzas que en octubre disputarán 24 bancas en Senadores y 127 en Diputados. Nada de eso sucedió en la práctica. Resultaron una suerte de encuesta general a gran escala ya que primarias casi no hubo en ningún distrito ni fuerza política y, más que las bancas lo que estuvo en disputa, entre dos minorías intensas, quién detentará el liderazgo político por un lado y la relación de fuerzan con que el gobierno asumirá sus próximos dos años por el otro. Claro que en el horizonte no dejó de flotar el 2019.

En este escenario unos no quisieron hablar del pasado y los otros le escaparon al presente; del futuro nada. El desinterés general y la apatía fue la respuesta de la ciudadanía a esta suerte de despolitización de la política, como lo definiera un agudo analista. Las encuestadoras de opinión se negaron a publicar sus resultados, todo lo contrario de elecciones anteriores que sobreabundaban de información. Sus argumentos hablan por sí solos: “bajo nivel de conocimiento de qué se vota por parte de la ciudadanía”, “confusión y poco interés en las elecciones”, “la gente siente que no se define nada”, “poca previsibilidad de la participación ciudadana”, “alto nivel de indecisos a solo una semana de las elecciones”. Sin embargo estas PASO mostraron una participación similar a las de hace dos años atrás.

Campañas mutantes

La polarización impulsada por el gobierno fue tomada con entusiasmo por el kirchnerismo puro (a ambos les resultaba funcional). La crítica del pasado (corruptela incluida) vs. limitar el ajuste, parecían ser los rumbos definidos de la campaña. Sin embargo el inédito cambio de orientación de la campaña de Unidad Ciudadana en Provincia de Buenos Aires -escasa exposición pública, nada de grandes discursos ni de liturgia peronista, cesión del protagonismo a las víctimas del ajuste- trastocó lo pensado y en principio desorientó a sus principales contrincantes.

El antikirchnerismo no encontró al rival porque éste abandonó el centro de la escena, se movió en silencio y por la periferia. Cambiemos se vio obligado a modificar su estrategia, osciló entonces entre la polarización, el miedo al regreso del populismo, retroceder a posiciones más moderadas y recrear expectativas, finalmente en sacar a la cancha a sus principales jugadores, Macri-Vidal para suplir la carencia y endeblez de sus candidatos y para suplicar el voto. En tanto que 1País y Cumplir bajaron el nivel de confrontación con CFK y tanto el binomio Massa-Stolbizer como Randazzo enfilaron sus críticas al gobierno Macri.

Qué dijeron las urnas

Según el conteo provisorio a nivel nacional algunas miradas hablan de un tercio para el oficialismo y dos tercios para la oposición, otra habla de cuartos, si se tienen en cuenta la abstención y los votos blancos, nulos e impugnados. Pero éstas son miradas superficiales que no dan cuenta de la complejidad emergente, las implicancias del triunfo del oficialismo y que la oposición no es enteramente sumable.

Cambiemos, a pesar de que la economía no funcionó como esperaban, que el saldo social fue muy gravoso y que las expectativas parecían en baja obtuvo el 36 por ciento de los votos válidos, incrementó y expandió su nivel de votación, ganó en distritos claves y se afirma como primera minoría. Con solo reeditar estos resultados en octubre se confirmará como una fuerza nacional asentada en una base derechista consolidada y mejorará su representación parlamentaria. Pero es claro que puede ir por más.

El kirchnerismo confirmó que su fuerte está concentrado en el conurbano de Provincia de Buenos Aires y más diluido en el resto del país. Unidad Ciudadana logró el 22 por ciento de los votos, este piso no es nada despreciable pero para crecer en octubre deberá hacerlo sobre otros agrupamientos peronistas y sobre todo vencer las resistencias del antikirchnerismo no macrista. De conjunto la oposición no kirchnerista sufrió la polarización. Cierto desgaste electoral del peronismo no kirchnerista, 18 por ciento, y 1País solo 7,2 puntos porcentuales. El analista Alejandro Grimson sintetizó así su visión: “El kirchnerismo tiene el liderazgo de Cristina y fuera de eso tiene alta fragmentación. El resto de la oposición tiene fragmentación nacional y sólo tiene en común su rechazo a Cristina.”

En el peronismo es muy probable una recomposición de las alianzas con miras al 2019; de cara a octubre no hay que descartar algún renunciamiento y corte de boletas.

La izquierda sumada alcanzó un 6,7 por ciento, dentro de este arco el FIT aumentó su votación respecto de primarias anteriores pero su voto fue menos concentrado, por lo que no le resultará fácil, a pesar de los buenos resultados, renovar sus diputados en las provincias de Salta y Mendoza, logrará un diputado en Jujuy merced a una gran votación y tendrá que esforzarse para renovar el diputado por Buenos Aires. En CABA la inconsistente división del voto con Autodeterminación y Libertad, de Luis Zamora, suele ser letal para las aspiraciones de ambas fuerzas.

Los mercados y su veredicto

La grosera manipulación de los datos permitió a Cambiemos un temprano festejo e imponer la idea de que son mayoría. Si el recuento final dictamina que en Buenos Aires la lista ganadora fue la de Unidad Ciudadana el impacto ya habrá pasado. Una maniobra redonda, si se quiere un ejercicio práctico de pos-verdad. Pero los que verdaderamente festejaron, y hay que tomarlo en cuenta al momento del balance, fueron los mercados. Subieron las acciones y los bonos, el Merval batió su record histórico, bajaron el dólar y el riesgo país; en el precoloquio de IDEA las distintas fracciones empresarias le dieron todo el apoyo al gobierno; la justicia de EE.UU. desestimó una demanda de un fondo buitre por el caso Aerolíneas y el jefe del Banco Mundial llegó al país justo para festejar con el Presidente, otorgar créditos y apoyar decididamente su política. También un festejo redondo. Ni corto ni perezoso el gobierno avanzó en la destitución del camarista Eduardo Freiler y acordó con los gobernadores una suerte de acta de intención para congelar en términos reales el gasto y el empleo público con miras al presupuesto del año que viene.

Ahora, octubre

En el gobierno interpretan el resultado como un apoyo directo a su política. Gradualismo en el ajuste fiscal porque “la situación social es un límite a la política de shock”; lucha contra las “mafias”; avanzar en las reformas (regresivas), tributaria, previsional, laboral y en la educación con el Plan Maestro. Como contrapartida este martes una masiva concentración de trabajadores rechazó la reforma laboral, la previsional y el ajuste. Exigió además la aparición con vida de Santiago Maldonado. El gobierno respondió con la desafectación de sus cargos del superintendente de Servicios de Salud y del viceministro de Trabajo, dos funcionarios muy cercanos a la CGT.

La política no jugó fuerte en esta suerte de primera vuelta, pero de aquí a octubre ya no se la podrá disimular ni esconderla, será el momento de balancear el último gobierno y los dos años del actual, de debatir políticas públicas. Ahí la izquierda tiene mucho para decir. La moneda está en el aire. ¿Los resultados de este agosto definirán los del próximo octubre? Pronto lo sabremos.

Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).




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