21 de julio de 2017

Culturas

Virginia Bolten, un pedazo de lucha hecha mujer

En estos momentos en que muchxs levantamos el puño contra el capitalismo, patriarcado y la presión de la Iglesia, resulta menester recordar a Virginia Bolten y para ello la película: “Ni Dios, ni patrón ni marido” es una pieza ideal. Por Vanesa Spaccavento, para Corriendo La Voz


“Sobre la historia de Virgina Bolten, militante anarquista que en 1896, junto a un grupo de operarias de la fábrica donde trabajaba, editó en Buenos Aires el primer periódico anarco-feminista de Latinoamerica denominado “La voz de la mujer”, que financiaba con su mínimo sueldo como operaria. Allí denunciaba la situación de la mujer trabajadora a finales del siglo XlX, la doble explotación a la que era sometida por su condición de clase y por su género”.

Ese breve párrafo auspicia de invitación a darle “play” a la película, retroceder en el tiempo y ver otro claro ejemplo de que el rol de la mujer dentro de las luchas sociales está lejos de parecerse al de las amas de casa que muchas veces nos quieren imponer como modelo ideal a seguir.

Ni Dios, ni patrón ni marido fue el lema de “La voz de la mujer”, el primer periódico anarco-feminista del país y de Latinoamérica. El primer número salió el 8 de enero de 1896, tenía cuatro hojas y la tirada no superó los dos mil ejemplares. Era financiado por ellas mismas y eso, sumado a las complicaciones para imprimirlo y distribuirlo, derivó en que el 1 de enero de 1897 viera la luz por última vez.

Pese a su corta vida, grande fue el revuelo que produjo. Desde su tinta se convocaba a las mujeres a rebelarse contra la opresión masculina, pero sin abandonar la lucha proletaria. Era crítico a toda forma de autoridad: eclesiástica, patronal, estatal y familiar. La propuesta final era la instauración del comunismo anárquico. En las páginas de su primer número se podía leer:

¡Salud Compañeras! La Anarquía

Ya trémola el pendón libertador;

¡Hurra, hermanos queridos, a la lucha!

¡Fuerte el brazo, sereno el corazón!

Que no haya entre nosotras rezagadas

Nuestra lucha es a muerte y sin cuartel;

¡Hurra! Hermanas queridas, otro esfuerzo,

Y ¿quién duda que habremos de vencer?

Rebelarse contra la figura masculina tuvo sus consecuencias, tanto fue así que tuvieron que salir a aclarar el tema en uno de sus números: Cuando nosotras (despreciables e ignorantes mujeres) tomamos la iniciativa de publicar “La Voz de la Mujer”, ya lo sospechábamos ¡oh, modernos cangrejos! Que vosotros recibiríais con vuestra macanística y acostumbrada filosofía nuestra iniciativa porque habéis de saber que nosotras las torpes mujeres también tenemos iniciativa y ésta es producto del pensamiento; ¿sabéis?, también pensamos.

Apareció el primer número de “La Voz de la Mujer”, y claro ¡allí fue Troya!, “nosotras no somos dignas de tanto, ¡cla! No señor”, “¡emanciparse la mujer?”, “¿para qué?” “¡qué emancipación femenina ni que ocho rábanos!” “¡la nuestra”, “venga la nuestra primero”, y luego, cuando nosotros ‘los hombres’ estemos emancipados y seamos libres, allá veremos” Con tales humanitarias y libertadoras ideas fue recibida nuestra iniciativa. Por allá nos las guarden pensamos nosotras. “¿No es verdad que es muy bonito tener una mujer a la que hablaréis de libertad, de anarquía, de igualdad, de revolución social, de sangre, de muerte, para que ésta creyéndonos unos héroes, os diga en tanto que temiendo por vuestra vida (…): ‘¡Por Dios, Perico!’? ¡Ah! ¡Aquí es la vuestra! Echáis sobre vuestra hembra una mirada de conmiseración (…) le decís con teatral desenfado: Quita, allá, mujer, que es necesario que yo vaya a la reunión de tal o cual (…) vamos, no llores, que a mí no hay quien se atreva a decirme ni a hacerme nada”.

Si vosotros queréis ser libres, con mucha más razón nosotras; doblemente esclavas de la sociedad y del hombre, ya se acabó aquello de “Anarquía y Libertad” y las mujeres a fregar. ¡Salud!

El matrimonio era parte del blanco recurrente y la película logra ilustrar eso en una frase bien clarificadora: “No hay nada más promiscuo que el amor burgués”; porque desde el movimiento se defendía la libertad en todos sus aspectos y eso incluye “al amor y/o al matrimonio”; se defendía el amor libre.

¿Quién fue Virginia Bolten?

Nació en 1870 pero no sabemos con exactitud de qué lado del charco. Hay quienes afirman que fue en Argentina, en la provincia de San Luis, otros que fue en Rosario y otros que nació en Montevideo. Igualmente ya poco importa, porque las mujeres de su talla dejaron una marca sin límites geográficos y la cercanía de su figura va desde lo ideológico y lo demás no importa.

“Trabajó en la Refinería Argentina de Azúcar, en ese momento la empresa más grande del rubro en Sudamérica, donde observaba las pésimas condiciones laborales de las mujeres (…) El 1 de mayo de 1890 Rosario celebró el primer Día del Trabajador y Bolten arengó a los obreros con un encendido discurso revolucionario. Ella subió al escenario vestida de negro portando la bandera del anarquismo y denunciando la explotación laboral de las mujeres. Era una mujer tan fogosa que la llamaban la ´Luisa Michel´, en honor a la heroína de la Comuna de París” – comentó en una nota para Telam la historiadora Usenky.

Fue arrestada en varias oportunidades y fue una de las organizadoras de “La Casa Del Pueblo” donde junto a otros anarquistas realizaban eventos político-culturales que iban desde debates a teatro para obreros, entre otras cosas.

En 1902, en la República Argentina, se sancionó la Ley 4.144 de Residencia; la misma habilitó al gobierno a expulsar a inmigrantes sin juicio previo y fue utilizada por sucesivos gobiernos argentinos para reprimir la organización sindical de los trabajadores, expulsando principalmente anarquistas y socialistas. Ese mismo año Virginia viajó a Uruguay y allí participó de diferentes manifestaciones en donde, entre otras cosas, denunció la nueva ley argentina.

Dos años después volvió a Buenos Aires y formó parte del Comité de Huelga Femenino organizado por la FORA (Federación Obrera Argentina), movilizando a los trabajadores del Mercado de Frutos de Buenos Aires.

El alzamiento cívico-militar del Partido Radical en 1905 fue la excusa del presidente M. Quintana para reprimir a las bases más combativas de los trabajadores. Aunque el anarquismo no participó, sus dirigentes fueron arrestados, perseguidos y hasta deportados. Bolten y su compañero Márquez (o Manrique) fueron nuevamente arrestados. A él se le aplicó la Ley de Residencia, por lo que fue deportado a Uruguay, junto con sus pequeños hijos y Bolten se quedó en Buenos Aires.

Pasaron dos años para que la ley le sea aplicada a ella (quizás de éste hecho provenga parte de la creencia que su nacionalidad es uruguaya). En 1907 participó en la Huelga de Inquilinos (duró tres meses y se trató, entre otras cosas, del no pago de los alquileres a causa de los precios elevados y las paupérrimas condiciones de las viviendas); durante la misma fue nuevamente arrestada y al hacerse pasar por Uruguaya se le aplicó la misma Ley que antes alejó del país a su familia.

Su casa se convirtió en el refugio de los anarquistas deportados y su militancia jamás sucumbió. De lo que hizo en su último tiempo de vida, se sabe que Integró el Centro Internacional de Estudios Sociales, una asociación libertaria de Montevideo. Según se cree, continúo viviendo en el barrio de Manga (en Montevideo) hasta su muerte, que acaeció hacia 1960.

“No manden a sus hijos a ese antro de depravación que es el confesionario, porque los infames frailes buscarán corromperlos y someterlos a sus perversas pasiones”. Quién iba a decir en esos años que dichas declaraciones bien podrían formar parte de una nota actual.




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