20 de julio de 2017

Culturas

Se estrenó “Como el barro”, un documental en homenaje a Eulogio Frites

Eulogio Frites (1935-2015) fue el primer abogado indígena de la Argentina. Dedicó su vida a defender los derechos de los pueblos originarios, fue autor de leyes y en la reforma constitucional de 1994 participó en la redacción del artículo 75, inciso 17, donde se reconocen derechos de los pueblos indígenas. “Como el barro” es un documental de Susana Moreira, con guion y producción de Miguel Mirra. Se exhibe de martes a domingos en ArteCinema, Salta 1620, Constitución, CABA. Por Liliana Giambelluca para ANRed.


“Como el barro” se centra en la figura del abogado Eulogio Frites y transita entre la comunidad Varas, localidad Palca de Aparzo, departamento de Humahuaca, Jujuy, donde nació el protagonista, y la ciudad de Buenos Aires, en particular un acampe de familias kollas en la Plaza de Mayo.

“Eulogio se merecía un homenaje. Fue una persona muy entrañable, un abogado que nunca renegó de sus orígenes, sino que se especializó en derecho indígena y luchó por la devolución de los territorios a las comunidades”, dice Susana Moreira, quien seleccionó escenas de tres documentales de Miguel Mirra, en las que participó Eulogio Frites.

La memoria de los pueblos

Año 1993. Hombres, mujeres y niños de la puna acampan en la Plaza de Mayo. Esperan ser recibidos por el presidente de la Nación, Carlos Saúl Menen, pero necesitan más que una promesa: quieren ver con sus propios ojos una transferencia de fondos que debe acompañar una demanda en un juicio para recuperar territorios ancestrales, conforme la Ley 24.242.

Un hombre morrudo y de rostro relleno le explica a un periodista el motivo del acampe. Sus palabras se atropellan unas con otras mientras mira la Casa Rosada, como si le hablara al primer mandatario que está detrás de esos muros. Eulogio Frites tiene el saber de las leyes, de allí el énfasis de sus declaraciones, pero acaso sus argumentos más profundos provengan de su infancia, cuando en 1946 vio cuando su abuelo, Ventura Yurquina, se sumó a la caravana del “Malón de la Paz”.

Don Ventura, quien le inculcó los valores de la vida comunitaria y la cosmovisión indígena, le contó a Eulogio que kollas de Jujuy y Salta, al tanto de que la justicia social había llegado a la Argentina, resolvieron que había llegado la hora de reclamar la restitución de sus tierras ancestrales, en cumplimiento de las leyes 880 y 1835. El entonces presidente de la República, Juan Domingo Perón, dijo que esos 174 originarios que habían caminado 2.000 kilómetros para presentarle sus reclamos “no representaban las inquietudes ni las aspiraciones de los auténticos habitantes indígenas de nuestro norte”, y ordenó su expulsión.

Este hecho histórico, que atraviesa la narrativa del documental, marcó el camino que transitó el abogado Eulogio Frites y de quienes 47 años después acamparon en la Plaza de Mayo.

En distintas situaciones, la estación de Retiro y el tren están presentes en el documental. En un tren del ferrocarril Belgrano, mujeres y hombres kollas del Malón de la Paz fueron llevados a la fuerza por miembros de la Prefectura y la Policía, y a los golpes y empujones los subieron a los vagones con destino a Jujuy. Desde esa estación, ingresa Eulogio Frites a la ciudad de Buenos Aires.

“Mientras no se cierren mis ojos”

En la comunidad Varas, de la localidad Palca de Aparzo, el canto de los pájaros y el balido de las ovejas acompañan la vida diaria: el hilado de la lana, el amasado de tortas y el arreo de los animales. Los habitantes dan su testimonio con voz suave, como si hablaran para sí. Sus miradas se detienen en los cerros o en el valle.

Manos kollas dan forma a una vasija de barro.

Eulogio Frites observa su universo y dice que “en el medio de estos cerros tratamos de sembrar, de hacer nuestras cosas en el ciclo de las cuatro estaciones del año, en este territorio kolla, donde vivimos con la misma grandeza que lo han hecho los abuelos”.

Anhela que “los hijos de otros paisanos que andan por ahí, se junten, se unan, que vuelvan a los pagos y trabajen por su gente para cuidar esto que tenemos”.

La vasija sigue tomando forma en manos de quien parece amasar el barro.

Eulogio canta una copla y se acompaña con el sonido de una caja: “Kolla, kolla soy señores / yo no niego mi nación / hasta las piedras me han dicho / grita si tienes razón”.

“Me acuerdo cuando era chico, ahicito los vi pasar con sus banderas, y han caminado lejos hasta Buenos Aires para que les devuelvan las tierras a las comunidades. Caminaron desde Abra Pampa, pasaron por la Quebrada, en todos lados los han recibido muy bien hasta que han entrado a Buenos Aires”, dice como si aún viera la caravana del Malón.

El barro es maleable y la vasija ha tomado forma. Sólo falta moldear la manija.

En la Plaza de Mayo también está Esteban Aramayo, uno de los integrantes de la histórica caravana. “Han pasado más de 40 años, hermano”, le dice Eulogio. “Y estamos presente en la lucha”, responde Aramayo, con voz suavecita mientras sonríe y sus ojos brillan.

“Mientras el sol siga iluminando, yo le pido a la Pachamama y al sol, que nuestros hijos continúen esta lucha, y yo lo seguiré haciendo mientras no se cierren mis ojos”, dice Eulogio.

La vasija está lista para ser llevada al horno de barro. Manos kollas la moldearon.

“La vida siempre parece igual y siempre es diferente, como nosotros; pero la vida también parece algo que se puede ir amasando, como el barro”. Guillermo Magrassi

El orgullo de ser indio

Voces potentes de mujeres celebran la vida con una copla: “Cuando oigo sonar la caja / me voy, me voy / Se me hace que todo tengo / la flor que me gusta / la corto y me voy”.

Bajo la protección del padre sol y de la madre tierra, Eulogio dice que “recuperando nuestras tierras, no renegando, estando orgullosos de ser indios, no avergonzándonos, desde adentro, nosotros mismos vamos a empezar a crecer”.

La copla se repite. El canto de las mujeres kollas se pierde entre las casitas de piedra y adobe de la comunidad Varas. La Madre Tierra, a la que hay que respetar y defender.

El legado

Eulogio Frites nació el 13 de setiembre de 1935 en la comunidad Varas, localidad Palca de Aparzo, departamento de Humahuaca, Jujuy, pero el lugar más cercano para registrar su nacimiento fue la ciudad salteña de Orán, “de modo que soy jujeño de hecho, pero jurídicamente salteño”, solía decir.

Tenía 14 años de edad cuando llegó a la Capital Federal, donde cursó sus estudios primarios, secundarios y se recibió de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Se especializó en derecho penal pero su práctica y teoría se centró en el derecho consuetudinario con el objetivo de asumir la defensa de los territorios que ocupan las comunidades originarias.

Eulogio Frites siempre se ocupó de trasmitir conocimientos a sus hermanos originarios. Entendía que el saber y la unión de los indígenas son instrumentos necesarios a la hora de reclamar derechos. Impulsó la creación de asociaciones, redactó proyectos de leyes y litigó por sus hermanos en distintos juzgados del país.

En 1971, junto a dirigentes originarios de distintas provincias formó el Centro Indígena de Argentina, que luego devino en la Comisión Coordinadora de Instituciones Indígenas.

En 1972 fue uno de los gestores del Primer Parlamento Indígena que deliberó en Neuquén, donde presentó el proyecto de ley “Política indígena y apoyo a las comunidades aborígenes”. En 1985, el proyecto se convirtió en la Ley 23.302, impulsada por el entonces senador Fernando de la Rúa, quien fue su profesor de Derecho Procesal en la Facultad. El artículo 5 de la ley establece la creación del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI).

En 1975 impulsó la creación de la Asociación Indígena de la República Argentina (AIRA) con sede en Buenos Aires, de la cual fue presidente. Ese mismo año, en Toronto, Canadá participó en la creación del Consejo Mundial de Pueblos Indígenas (CMPI).

En la provincia de Salta impulsó del Proyecto de Ley de Expropiación de la Finca Santiago de Iruya y en el Caso San Andrés con la devolución de parte de las tierras a tres Comunidades: Los Naranjos, Río Blanquito y El Angosto de Paraní, conforme la Ley 24.242.

En 1986, convocado por el entonces gobernador Osvaldo Álvarez Guerrero, asumió la Dirección Provincial de Asuntos Indígenas en Río Negro. Desde ese lugar encauzó el debate por la cuestión mapuche en el seno del Consejo Asesor Indígena (CAI), entonces no reconocido oficialmente. Luego de meses de arduo trabajo, redactó la Ley 2287 de “Tratamiento integral de la situación jurídica, económica y social, individual y colectiva de la población indígena”, sancionada el 15/12/1988 y promulgada el 22/12/1988.

En 1989 presidió el X Congreso Indigenista Interamericano, realizado en San Martín de los Andes, en el marco de los 500 años del desembarco español en América.

En 1994 se produjo la reforma constitucional, donde participó activamente en la redacción del artículo 75, inciso 17, que reconoce los derechos de los pueblos indígenas.

El 1997 logró que la comunidad kolla de la Finca Santiago de Salta recupere sus tierras, cuyo título de propiedad comunitario se entregó en diciembre de 1999.

En 1999 fundó junto a otros abogados originarios la Comisión de Juristas Indígenas de la República Argentina (CJIRA), que luego presidiría, con la finalidad de asistir judicialmente a las comunidades de los pueblos originarios.

En 2011 se editó su mayor obra escrita: “El Derecho de los Pueblos Indígenas”, un libro imprescindible para los abogados y especialistas en el tema.

En el plano internacional, Frites participó en diferentes sesiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y a nivel regional en reuniones de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde planteaba la necesidad de redactar instrumentos jurídicos internacionales que reconozcan y garanticen los derechos colectivos de los pueblos indígenas.

Eulogio Frites se casó con Urbana Galván, con quien tuvo tres hijos: Ernesto, Anahí y Micaela. Falleció en Buenos Aires el 24 de julio de 2015.




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