23 de junio de 2017

Culturas

Lo absurdo de nuestro tiempo: “La silla vacía” y “Hola, soy Godot”

Encontrar el punto en común en dos obras de teatro diferentes puede llegar a ser difícil. “La silla vacía” y “Hola, soy Godot” de Miguel Jorge Tabarovsky no son ni una saga, ni una serie. No hay ningún tipo de continuidad excepto una: la comedia del absurdo. Vacilando todo el tiempo entre la diversión y lo incomprensible, llegamos a una única conclusión: no podemos estar seguros de nada. Se presentan todos los jueves de junio a las 20.30hs en Teatro Luisa Vehil (Av. Hipólito Yrigoyen 3133). Por Nadia Salinas para ANRed.


En un mismo hospital, Pirulo y el Dr. Benito comparten la habitación para recuperarse. En “La silla vacía” nunca sabemos con certeza siquiera qué les pasa a los personajes. Lejos de ser una falla en el argumento, la elipsis en ese caso funciona como un recurso para guiar nuestra atención a lo importante: las apariencias. Con sus nombres ya queda clara la distancia entre ambos personajes.

Su vestimenta y gustos musicales la acentúan. Por un lado, a un pintor futbolero que escucha cuarteto, tan insignificante que solo conocemos su apodo. Por otro, un doctor que exige no ser tuteado, mientras pasa su tiempo en hospital leyendo. Es como ver al agua y al aceite conviviendo obligadamente por un tiempo indefinido. Como resultado se ve el choque cómico entre opuestos, personajes de una sola cara que parecerían solo preocuparse por su propio lugar en el mundo, por su propia cama en el hospital.

Pero cuando del otro lado de la silla vacía que separa ambas camas duerme tu propia antítesis, todo cambia. La primera pregunta para hacernos es: ¿por qué conviven? ¿Qué hecho podría alguna vez llevar a que tales estereotipos deban lidiar el uno con el otro? Hay secretos que no se develan, interrumpidos por la muerte que no espera a nadie. Otra vez, la elipsis nos lleva a poner atención a lo importante, las apariencias. Porque la llegada de un otro diferente a todo lo que conocemos puede ser divertida, y a la vez movilizadora. Con un monólogo hacia el final, Pirulo reflexiona sobre la amistad, dejando de lado todo aquello que lo separaba del “tordo”. Y la silla sigue estando vacía, al igual que el sentido.

En “Hola, yo soy Godot”, como no podría ser de otra manera, el sentido también es el gran ausente. Todo indica que nos encontramos ante la continuación de “Esperando a Godot” de Samuel Beckett. El absurdo era de esperarse, pero lo que aparentemente nadie esperaba finalmente, era a Godot. Paradójicamente, la persona que antes era esperada ahora emprende la búsqueda. Al igual que en la obra de Beckett, nuevamente no sabemos a quiénes se buscan, menos aún, para qué.

¿Cómo avanza una trama en estas condiciones? Siguiendo la única certeza: alguien debería estar. Eso tiene que cumplirse, quizás más tarde que temprano. Y, como la vida misma, Godot va encontrando lo que no busca y siguiendo las pistas que se presentan casi por casualidad. Entre personajes bizarros que saben todo pero no tienen imaginación, son mudos o ciegos (claro guiño a Beckett), se abren paso a reflexiones que parecen no ser las indicadas para ese momento. El tiempo se agota y se debe encontrar a esas personas. Pero ¿esas pistas son distracciones para Godot? ¿Acaso no fueron el medio necesario para encontrar lo que no se sabe que se busca? Como no hay sentido, que cada uno arme su final preferido.

Ficha Técnica

Autoría:
Miguel Jorge Tabarovsky

Intérpretes:
Daiana Cocciolo, Gloria De Luca, Eduardo Ezon, Viviana Huerin, Maby Maquieira, Juan Carlos Muñoz, Sarah Pineyro Sosa, Gonzalo Tejo

Diseño de escenografía:
Miguel Jorge Tabarovsky

Diseño de luces:
Miguel Jorge Tabarovsky

Música original: Nicolas Barchiesi

Diseño gráfico:
Eugenia Sanchez

Asistencia De Escenas:
Nicolas Barchiesi

Coaching actoral:
Gloria De Luca

Dirección:
Nicolás Martínez Gomez, Miguel Jorge Tabarovsky




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