13 de mayo de 2017

Economía

Gasto público, tasas de interés, tipo de cambio, endeudamiento… Una madeja difícil de desenredar

Un embrollo de proporciones se ha ido formando por la inflación que no cede y el déficit fiscal que aumenta. Los correctivos aplicados por el gobierno no han hecho más que agudizar los desequilibrios macroeconómicos y agregar incertidumbre al futuro pos-electoral. ¿Nos espera un futuro de ajuste después del ajuste? Por Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.


Los gurúes de la City están a sus anchas. No pasa día que no embistan –con el apoyo de los medios hegemónicos- contra el gasto público, para ellos la fuente de la inflación. A tal punto es la presión que ejercen que el gobierno nacional ha terminado por sincerarse, el propio presidente Mauricio Macri habría dicho en reunión privada: “Tengo que cerrar un agujero fiscal de 500.000 millones pesos”.

La madeja

Según diversos analistas el déficit fiscal primario (antes del pago de intereses) para este año llegaría a 420.000 millones de pesos (poco más de 30.000 millones de dólares), esto cumple con el 4.2 por ciento del PBI presupuestado. Ahora este resultado se logra al computar los ingresos extraordinarios provenientes del blanqueo, que como se sabe son por única vez (por eso la diferencia con la cifra aportada por el presidente). Sin ese aporte el déficit sería de 6 puntos del PBI, si se le suma el pago de intereses el déficit total orillaría los 8 puntos. No muy diferente, o un poco más, de lo que dejara el gobierno anterior.

Si hasta el 2015 se recurría a la emisión monetaria para cubrir el bache, ahora se recurre al endeudamiento externo o interno. Como se sabe en lo que va del gobierno Macri la deuda pública creció no menos de 45.000 millones de dólares (no se computan aquí la deudas provinciales ni las del BCRA por las Lebacs).

El masivo ingreso de dólares producto de la colocación de bonos más los provenientes de la liquidación de exportaciones y del blanqueo en efectivo, tiran abajo el tipo de cambio que abarata las importaciones y actúa como un ancla frente a la inflación, pero al mismo tiempo encarece las exportaciones que pierden competitividad por precio. Como no hay compradores para esa oleada de divisas el BCRA y otras instituciones oficiales salen a comprarlas para evitar que siga bajando la cotización, su contrapartida es una mayor emisión monetaria o desprenderse de pesos, lo que -según la teoría que siguen los neoliberales- alimenta el proceso inflacionario. Para neutralizarlos el BCRA sube las tasas de interés, con lo que saca dinero de la plaza pero aumenta el déficit fiscal producto del
mayor pago de intereses, sea por las Lebacs o por los bonos de la deuda externa.

Al cierre de este artículo la tasa de interés fijada por el BCRA se mantiene en 26.25 por ciento anual, 5 puntos por arriba de la inflación, que en abril sorprendió con un inesperado 2.6 por ciento llegando al 9.1 en el cuatrimestre; el monto acumulado en Lebac, con distintos vencimientos, alcanza la friolera de 739.000 millones de pesos y la deuda pública a 275.000 millones de dólares. En tanto que la actividad económica cae menos pero sigue sin repuntar.

Siempre la especulación financiera

En el último tramo del gobierno anterior lo que predominaba era la restricción externa (falta de dólares) que obligo a una política de administración de reservas, a acelerar los plazos de liquidación de exportaciones y a imponer a bancos y compañías de seguro una reducción de sus disponibilidades en divisas. Lo que predomina ahora, desregulación del mercado cambiario y devaluación mediante, es la superabundancia de dólares. Por lo tanto el gobierno ha dispuesto extender por años la liquidación de divisas y autorizar a bancos y otras instituciones a incrementar sus stocks de divisas. Pero en los dos casos la estrella ha sido la bicicleta financiera que pedalean con destreza los especuladores de todo pelaje.

Como las medidas han resultado insuficientes y frente a la presión de los exportadores por el atraso en el tipo de cambio (algunos estudios lo ubican por arriba del 20 por ciento y cercano a los niveles del 2015) el BCRA ha salido a comprar dólares para mantener su cotización, pero vuelve a poner más dinero en la plaza lo que lo obliga a mantener altas las tasas…

La punta del ovillo

Si el gobierno anterior no podía seguir emitiendo moneda indefinidamente este no puede continuar con este ritmo de endeudamiento, a riesgo de ingresar en poco tiempo en una nueva crisis de deuda ¿Cómo se sale de este enredo, de esta suerte de círculo vicioso? ¿Cuál es la punta del ovillo de la que hay que tirar?

Algunos sectores apuran una devaluación que recomponga competitividad internacional, el gobierno rechaza esta posibilidad porque impactaría al alza en los costos, apuesta entonces a una mayor productividad del trabajo precisamente para bajar costos, para esto insiste con modificar a la baja los convenios colectivos, si bien cuenta con el colaboracionismo de las direcciones sindicales tradicionales este es un proceso lento. Por lo tanto, vaya novedad, lo que queda es meter mano es el déficit fiscal, pero no por el lado de los ingresos sino de los gastos.

En la reunión del Council of Américas en Nueva York ante las reiteradas consultas de posibles inversores que preguntaban qué pasaría con las tarifas, si había un programa monetario coherente que bajara la inflación, si habría recortes en el gasto público, si bajarían la presión tributaria –a la que responsabilizan de la suba de tasas, del atrazo el tipo de cambio y de la caída de la actividad económica- el ministro de Finanzas Luis Caputo fue más explícito que el presidente: “La prioridad es octubre (elecciones) luego nos ocuparemos del déficit.”

Ajuste después del ajuste

Según los trascendidos el gobierno piensa en reducir la estructura del sector público (conviene recordar que este gobierno la incrementó en un 25 por ciento) y congelar los ingresos de personal, no cubriendo las vacantes que se vayan produciendo. Pero el Estado nacional solo emplea a unas 730.000 personas, un gran porcentaje de ellas contratadas, mientras que algo más de la mitad del gasto público total es de carácter social. De este el 80 por ciento se va en jubilaciones y pensiones, unos 10 puntos porcentuales en la AUH y asignaciones familiares, y solo 2 en diversos planes sociales.

A confesión de partes… Se viene un ajuste después del ajuste gradual pre-electoral, que está muy claro quienes lo van a pagar, los de siempre (reducción de personal, techos salariales, retoques a la movilidad jubilatoria…) El gobierno no encuentra, tampoco le interesa alguna alternativa, otra salida para desandar la madeja en que lo ha enredado el primitivismo monetarista del BCRA.

A ninguno, ni oficialistas ni opositores se le ha ocurrido pensar que con uno u otro modelo lo que empuja a las crisis reiteradas son los límites estructurales del capitalismo nacional. Si estos no se remueven una y otra vez se repite la historia.




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