22 de abril de 2017

Economía

Otra vez sopa: la inflación no cede y rompe pronósticos

Los pronósticos de crecimiento económico para el año son cada vez más débiles, al igual que la inflación por debajo del 17 por ciento. Hasta el FMI bajó el pulgar. Marzo ha sido un mes sorprendente por la dinámica social impresa en las movilizaciones, ahora sabemos que también lo ha sido en relación a la marcha de la economía y la inflación. Indicadores oficiales y privados muestran que en el mes el alza de los precios recrudeció y que los pronósticos de crecimiento de la economía para el año son cada vez más débiles. Por Eduardo Lucita.


El diagnóstico del gobierno de crecimiento de la economía para el segundo semestre de 2016 fue un fracaso, también lo ha sido el de este primer trimestre 2017. Pasa lo mismo con la inflación, el pronóstico para 2016 era del 20 al 25 por ciento; resultó 41. Para este año el alza de precios esperado por el BCRA es del 12 al 17 por ciento. Nadie confía en que se cumpla.

El núcleo de la inflación

Tanto Federico Sturzenegger, titular del BCRA, como otros funcionarios afirmaban una y otra vez que la inflación estaba descendiendo. Explicaban que no había que mirar tanto los precios sujetos a estacionalidad (frutas, verduras, en estos días pascuenses la merluza), tampoco los regulados (tarifas de servicios públicos) que estaban determinados por la quita de subsidios y la “inevitable” alza de tarifas. Que lo que había que seguir con detenimiento era la inflación núcleo, compuesta por todos aquellos bienes y servicios que no fluctúan estacionalmente ni están regulados por el Estado.

Y así era efectivamente, la inflación núcleo venía cediendo lentamente desde octubre pasado. Pero el informe dado a conocer días atrás por el Indec dio un alza general de precios del 2,4 por ciento -mayor en la ciudad de Buenos Aires y en varias provincias- que quebró esta tendencia, dejó descolocados a no pocos consultores de la City y encendió luces rojas en el gobierno. Es que según el organismo oficial, del total de bienes y servicios computados el 10,8 por ciento tiene un comportamiento estacionalizado, el 19,4 está regulado y el 69,9 integra el grupo núcleo. En marzo los primeros aumentaron el 3,7 por ciento, los segundos el 3,3 y los restante el 1,8 por ciento. Como es fácil deducir la inflación núcleo, que ya había subido en febrero y repitió en marzo, es el núcleo de la inflación.

Según los datos oficiales el acumulado del primer trimestre de este año ya suma 6,29 por ciento. Los precios que más subieron en el período fueron: educación, alimentos e indumentaria, que golpean fuertemente los presupuestos de las familias de clases media, media baja y pobre. La inflación promedio interanual es proyectada ahora en 33 por ciento.

Los límites del modelo

Para diversos analistas y sectores productivos se trata de una inflación de costos y ponen el acento en las tarifas, la carga tributaria, la productividad y los salarios; otros plantean que es resultado de la puja distributiva por la apropiación del excedente económico. Aquí las altas tasas de ganancia que usufructúan las empresas formadoras de precios son decisivas.

Por el contrario para el gobierno -teoría neoclásica mediante- se trata de una inflación de demanda, por lo que la solución consiste en recortar ese exceso de demanda cuyo origen serían los altos salarios y el gasto público, que se traducen en fuerte expansión monetaria. Por lo tanto junto con reducir esos componentes -para lo cual choca con la resistencia social- el BCRA se aferra al llamado “modelo de metas de inflación” cuyo único instrumento es hoy la suba de la tasa de interés para sacar dinero de la calle y bajar el consumo.

Pero no es tan sencillo. El modelo con el que se pretende disciplinar los precios no parece estar tomando en cuenta ciertos límites como el impacto de la recomposición tarifaria en curso, la inercia inflacionaria y la poca incidencia del crédito en la economía nacional.

Inconsistencias

Mientras el ala política del gobierno piensa en las elecciones de octubre y empuja una política fiscal expansionista que alimente el consumo, el BCRA aferrado a su esquema de metas de inflación lleva adelante una política monetaria contractiva. El gobierno anunció con bombos y platillos los créditos hipotecarios a 30 años, una semana después el BCRA subió la tasa de interés de referencia al 26,25 por ciento, otro golpe que sumado al fracaso del programa Precios Transparentes hunde más el consumo. La institución monetaria busca bajar la inflación pero no coordina con las áreas responsables de la quita de subsidios y suba de tarifas que impactan al alza en los precios regulados; busca reducir la emisión monetaria pero como financia el déficit fiscal con endeudamiento esos ingresos, sumados a los del blanqueo y la exportaciones agrarias, inundan la plaza de dólares que el BCRA tiene que comprar y para eso tiene que emitir más moneda, al mismo tiempo que provoca atraso cambiario y habilita una nueva bicicleta financiera.

Este mes se aplicarán las nuevas tarifas de gas -que impactarán en el mayor consumo propio del invierno- y el próximo las del agua, mientras que los aumentos en transporte han sido postergados y el déficit fiscal no baja.

Estas fuertes inconsistencias entre las distintas áreas de economía han dado lugar a un debate entre economistas de distinto signo: ¿Se reactivará la actividad económica con altas tasas de interés, un tipo de cambio planchado y apertura de la economía? ¿Es sustentable un programa de metas de inflación, con alto déficit fiscal y en alza y endeudamiento externo para financiarlo? ¿Se trata solo de que no hay una dirección centralizada en la economía o es que en realidad se trata de una ausencia de programa económico?

Recalculando

Para el Relevamiento de Expectativas que produce el BCRA la inflación esperada para este año supera levemente el 21,2 por ciento mientras que para numerosos analistas se ubica en un piso del 25 y para el informe dado a conocer esta semana por el FMI el promedio anual será 25,6. En cualquier caso muy alejado del 12 al 17 por ciento oficial.

Mientras esto sucede se siguen perdiendo puestos de trabajo y la economía no repunta. Todos los pronósticos están por debajo del 3,5 por ciento de crecimiento proyectado por el gobierno, mientras que para el FMI será de 2,2. Incluso el propio Ministerio de Producción, cuyas expectativas eran que en el primer trimestre la economía crecería 0,9 por ciento, ahora piensa en un magro 0,4.

El gobierno ha relanzado sus expectativas, espera que en septiembre -ya en pleno período electoral- el consumo comience a repuntar de la mano de los pagos a los jubilados y los acuerdos paritarios y sobre todo -la gran apuesta- a que la inflación ya esté comenzando a ceder. El presidente ha disciplinado finalmente a todos los integrantes del equipo económico y éstos se han subordinado al BCRA, piensan que nada impacta más en el ánimo de la población que una inflación a la baja.
¿Será cierto? Pronto lo sabremos.

Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).




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