12 de abril de 2017

CABA
Culturas

Teatro y poesía: “Una habitación así”


Una habitación, dos personajes, dos poetas y dos músicos. “Una habitación así” es una obra de teatro que experimenta con los límites del género abriendo diálogos con otros, como la poesía y la música. El resultado: una mezcla homogénea que permite disfrutar algo novedoso por 70 minutos. Se realiza los viernes 14 y 21 de abril a las 21hs en Espacio Sísmico​ (Lavalleja 960, CABA). Por Nadia Salinas, para ANRed.


Ya desde el comienzo “Una habitación así” presenta las cartas de lo que luego será un juego de géneros que se cruzan en un mismo espacio. La pregunta está en el sentido –si es que lo tiene- que se busca representar ante los espectadores.

Simulando una fotografía, los actores Santiago Martinengo y Leonel Meunier, junto con los poetas Fernando Bogado y Rita González Hesaynes, aparecen quietos, posando. Las luces se apagan y comienza la música en vivo de Juan Sevlever y Bernardo Fay, a la manera de una película de Woody Allen.

Luego, dos hombres entran a escena, un cuarto sencillo, con sillones, una mesa ratona, un escritorio y un timbre que, luego sabremos, funciona cuando quiere. “¿Es acá? ¿Una habitación así?”. Todo parecería indicar que se trata de una relación entre un futuro locatario y su locador que intenta cerrar de una vez el contrato. Sin embargo, a través de las explicaciones sobre la nueva vivienda, la conversación parece tomar otro rumbo. García hizo algo y esa habitación es su condena. En medio de un tire y afloje en búsqueda del perdón, en ningún momento se hace explícito lo que lo llevó a estar ahí. Se elude el acontecimiento que en cualquier otra obra hubiese significado la problemática central que justifica la historia. Ese silencio que abre la puerta a la libre interpretación de los espectadores, a la multiplicidad de sentidos es brillantemente ocupado, como no podría haber sido de otra manera, por la poesía. Porque, como dice uno de los poetas, “La poesía dista muchísimo de la acción”.

La idea de “género” permite crear un horizonte de expectativas que hace a uno esperar la presencia de ciertos elementos y no de otros. Fernando Bogado y Rita González Hesaynes rompen con lo establecido recitando sus poemas, apoderándose de lo que no está. Lo que bien podría haber sido una interrupción accesoria o ilustrativa, en este caso funciona como la conciencia de García que tiene el mismo nivel de importancia que los actores. En este punto está el mayor logro de la obra: los dos géneros logran ir de la mano creando sentido. Acción y Pensamiento ocupan el mismo lugar. Los poemas de ambos autores que comúnmente encontramos en lecturas de poesía abandonan su terreno para formar parte de otro género, provocando otro efecto aunque igual de rico y múltiple.

De la misma manera que las intensas participaciones de los poetas remiten a una conciencia que esconde algo, los actores tienen en escena bolsas de basura y artículos de limpieza. Estamos en el purgatorio y es necesario limpiar esa conciencia. Así, el hermetismo del pensamiento y la recapitulación de la propia vida y las culpas se traduce en esa habitación donde no hay tiempo. También hay un claro diálogo con la obra de Sartre A puerta cerrada, donde se encuentra la célebre frase “el infierno son los otros”. Aquí, hacia el final se sentencia que hay una “tendencia a creer que el mal nos viene de afuera”, aunque, en realidad, la obra cuestiona si esto es así o todo se debe a estas voces que resuenan recordando y juzgando.




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