18 de marzo de 2017

Nacional

Una nueva situación política

¿Cuántos países en el mundo y en este tiempo tienen una capacidad de movilización social equiparable a la que se mostró en la segunda semana del mes en curso en nuestro país? El gobierno ha perdido el control de las calles y la CGT parece no poder contener el conflicto. Todo indica que se ha abierto una nueva situación política. Por Eduardo Lucita.


El marzo caliente comenzó tal como se lo preanunciara desde esta columna semanas atrás, mostrando en su desenvolvimiento una unidad social en la diversidad contra el ajuste, la desigualdad económica y social y la violencia de género, que tiene pocos antecedentes históricos. Si buscáramos una síntesis podría ser 6, 7, 8: un país movilizado, un pueblo que no se entrega, un gobierno a la defensiva y una CGT autista.

Día por día

Los días 6 y 7 pasados los docentes de todo el país pararon, reclamando la apertura de la paritaria nacional, que el gobierno niega con argumentos poco y nada convincentes; al provincializar la discusión pone un techo pero no un piso, que lo deja librado a los gobiernos provinciales. El paro fue acompañado por una multitudinaria marcha y concentración frente al Ministerio de Educación. Es una respuesta a la altura del objetivo del gobierno: todos comprenden que es un conflicto testigo que ha escalado a lo político, y cuya resolución impactará sobre el resto.

El miércoles 8 el Movimiento de Mujeres demostró que no es producto solo de un crecimiento explosivo de los feminicidios, sino un movimiento que lleva años construyéndose y que se sustenta en los 33 Encuentros Nacionales y en él Ni una Menos y que hoy es una fuerte referencia internacional refrendada por este histórico paro de mujeres y una movilización masiva. Fue la más radicalizada de las tres movilizaciones cantaron contra la desigualdad, por sus derechos y contra el patriarcado, pero también se sumaron a los reclamos de los trabajadores: “Si se puede, si se puede, el paro a Macri se lo hicimos las mujeres”, con fuerza coreaban entre tantas otras consignas.

En el medio cuando terminaba el paro docente nacional y antes del paro de mujeres, la convocatoria de la CGT a concentrarse frente al Ministerio de la Producción superó las expectativas y puso en un brete a la dirección. Primero dejó correr que fuera solo de los gremios industriales, luego tuvo que aceptar a regañadientes convocarla, finalmente terminó tratando de convertirla en una expresión multisectorial. Buscaba borrarle el carácter proletario, el resultado fue exactamente inverso. La presencia de los trabajadores fue multitudinaria y el liderazgo del triunvirato dirigente seriamente cuestionado.

Y sigue. Esta semana con movilizaciones y cortes de los movimientos sociales por la aplicación concreta de la Emergencia Social y el ruidazo contra los tarifazos, el 24, día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, será multitudinario y el 30 paro general lanzado por las dos CTA.

La vergüenza de haber sido

El acto de la CGT puso blanco sobre negro que la central obrera es una sombra de lo que fue y que sus máximos dirigentes van “cuesta abajo en la rodada”, como la letra de aquel tango muy popular en la década del ’30. Se sabe ahora, fue el presidente en persona quien habló telefónicamente con algunos dirigentes para instarlos a que levantaran la concentración. Entre el compromiso con el gobierno y la presión de las bases y los cuadros intermedios, el espacio político de los triunviros para maniobrar era muy reducido, la solución encontrada fue hacer la marcha pero no anunciar la fecha del paro. Atizaron la fogata.

Conocedores mejor que nadie del humor social –sus caras de preocupación en el palco lo denunciaban de antemano- los dirigentes de la central anticiparon el inicio del acto, buscaban que los grandes gremios no llegaran al borde del palco y acortaron sus discursos, pensados para 30 minutos entre los tres apenas superaron los 20. La pobreza e indefinición de esos discursos provocó primero silbidos y luego abucheos, finalmente el nerviosismo y el acto fallido del principal orador desencadenaron lo que era el run-run de la marcha: “ponele fecha la p…”. Las caras de preocupación trocaron en temor, el espíritu de Casildo Herrera y su “yo me borro” sobrevoló el palco. No pocos dirigentes se bajaron apresuradamente antes que el acto terminara, entre corridas y empujones todos salieron huyendo custodiados por sus “expertos”. Mientras, les copaban el palco y les robaban el atril histórico. Un bochorno mayúsculo.

Quedó allí expuesta una doble fractura. Una la que se arrastra desde hace décadas entre las bases y sus cúpulas sindicales, otra entre estas y los organismos intermedios. La capacidad de la central obrera para conducir y encauzar el conflicto quedó así fuertemente debilitada.

El gobierno a la defensiva

El joven y ascendente periodista Alejandro Bercovich titulo una reciente columna “Del sí se puede, al no aflojemos”. Graficaba así la situación del gobierno jaqueado por los “errores no forzados” de febrero y la intensidad de las movilizaciones de marzo.

Los conflictos de intereses (Correo, Avianca), el intento de rebaja a los jubilados, la economía que no repunta, la inflación que retoma su ciclo alcista, los nuevos despidos, suspensiones y cierre de empresas, la mayor pobreza e indigencia, el consumo que sigue cayendo, el techo a las paritarias, la extensión del conflicto docente, la antesala de las paritarias, la violencia de género y el destrato hacia las mujeres todo empujó las movilizaciones. En un nuevo retroceso el gobierno postergó los aumentos en el transporte hasta fin de año, dividió en dos etapas los de la luz y en tres los del gas y rebajó el incremento en el agua. El gran recorte quedaría para después de las elecciones. No hay Plan B, por eso el presidente no pudo más que ratificar el rumbo. No es un símbolo de fortaleza, sino de debilidad.

Algo ha comenzado a cambiar

Todo repercute en las encuestas. Caída de la imagen presidencial, que alcanza a la gobernadora de Provincia de Buenos Aires y de la confiabilidad en la eficacia de la gestión gubernamental. Ya no cunde la alegría, las expectativas están en baja y los cuestionamientos crecen día a día. El gobierno ha perdido el control de las calles, está a la defensiva y sin iniciativas cuando el horizonte electoral ya está a la vista. Apuesta a que el inevitable paro de la CGT sirva para descomprimir la situación social ya que no va acompañado de un plan de lucha, que hay que decirlo solo reclama la izquierda.

El periodista estrella de La Nación, Carlos Pagni, señaló que en las elecciones de octubre el candidato es el ciclo económico y que Macri puede ser Menem o De la Rúa, en referencia a que si gana puede aspirar a la reelección, pero si pierde la temida ingobernabilidad podría sacarlo de juego antes que venza su mandato.

La crisis de representatividad abierta en 2001 no está cerrada. Durante la década anterior fue desplazada coyunturalmente por dos figuras fuertes, pero ahora está nuevamente en el escenario político. El macrismo no ha construido una fuerza política acorde con la crisis en curso, el kirchnerismo tampoco y el peronismo está en un embrollo de proporciones mientras que la CGT ya no es seguro garantice gobernabilidad. Se ha abierto una nueva situación política

Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda

15.03.17




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