17 de marzo de 2017

Culturas

Música como Proyectil

“Vengo aquí a decirles que me ayuden a salvar Haití y a impedir que su país participe de esta vergüenza”. Con este mensaje, el músico haitiano Kebert Bastien recorre el Cono Sur para generar conciencia sobre el daño que está causando la presencia de tropas militares de Naciones Unidas en las tierras caribeñas. Por Corresponsal Popular para ANRed


Keb, como prefiere que lo llamen, es un compositor e intérprete haitiano convencido que la música es su herramienta de lucha contra las miserias que padece la nación centroamericana. Sus composiciones, en francés y créole, denuncian todo tipo de injusticias: desde la megaminería hasta la explotación del hombre por el hombre.

“Formo parte del grupo que no va a dejar el país”, se presenta, y cuenta que actualmente un alto porcentaje de la juventud haitiana se ve forzada a emigrar a sitios como Chile, Brasil, Estados Unidos y República Dominicana. “Yo no puedo exigirles que se queden porque es muy difícil la vida, pero puedo decir que hoy quien sí debe retirarse es el contingente militar que integra la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH)”.

“Cuando los imperialistas invadieron América decían que venían a civilizar a los barbaros, y lo que hicieron fue esclavizarlos y humillarlos. Hoy cuando los medios tradicionales y burgueses toman la palabra dicen que estabilizan a su país, pero el mundo está loco porque no es así que se logra ese objetivo”, interpela. Además agrega que más de 10 mil personas contaminadas murieron de cólera y 800 mil resultaron infectadas por esta epidemia, que introdujeron las tropas que llevan más de trece años de ocupación.

El joven y reconocido artista, apasionado por la cultura vudú, recorre con sus dos discos una larga marcha a través de sus raíces ancestrales. Habla del sufrimiento de su pueblo, de su esperanza y llama a la fraternidad colectiva. Una de sus canciones más conocidas es “Váyanse”, donde expresa su deseo que que “cada palabra sea un proyectil, cada canción un canto para que nos deje en paz la ONU y la MINUSTAH. Que mi rabia logre tener efecto antiséptico, antibiótico, antiimperialista y anticolonialista. Que esta melodía sea el antídoto contra la miseria fabricada. Que mi rabia desencadene al final este odio que emana de mi garganta un nuevo aliento a los hermanos infectados y a las hermanas violadas”.

“Ojalá el show haya contribuido a poner atención y referencia tanto sobre la situación, como sobre la intensidad humana y cultural de este olvido latinoamericano que es Haití. Este país suele ser visto por la desgracia, la pobreza, la marginación o la ocupación pero también tiene una cultura impresionante”, destaca Jorge Marchini, director de la centenaria Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, lugar donde se realizó el único recital de Argentina.




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