6 de febrero de 2017

Medio Ambiente

Resistiendo con la naturaleza

Visitamos a Fernando Tosini, Técnico agrónomo y encargado de la huerta orgánica del Parador de La Montaña en el Valle de Calamuchita, Córdoba. Y conversamos acerca de su visión de la naturaleza, sobre la lucha por la preservación de los montes nativos que hay en Córdoba, sobre la agricultura convencional y la agricultura orgánica. En resumidas cuentas, Fernando nos explicó como la agricultura orgánica es una resistencia política y una demostración de que uno en su hogar puede producir sano y sin necesidad de usar agrotóxicos. Por Facundo Ramirez para ANRed


Facundo Ramirez: ¿Se podría decir que vos en agronomía estudiaste lo contrario a lo que estás haciendo hoy por hoy?

Fernando Tosini: Creo que la agronomía se fue dando de una forma muy simplista sin tener en cuenta cómo funciona la naturaleza y reforzando esa manera de funcionar del ser humano en general de “si algo me molesta, lo más rápido es matarlo. Entonces uso un veneno y me lo saco de encima”, parece una locura pero es como funcionamos en general los seres humanos. Entonces esto que hago ahora da un poquito más de trabajo en relación a eso, pero mucha más satisfacción. Porque uno aprende a observar en la naturaleza a la biodiversidad y cómo es que se mantienen los equilibrios. En cambio, el agricultor convencional ha hecho todo lo contrario por una cuestión de ganar dinero rápido. Y con esa visión por ejemplo, en Córdoba ha quedado el 3% del monte nativo que es nuestra protección y nuestro futuro. Y encima ahora van por ese 3% ¿y entonces qué? No nos va a quedar nada. Todo lugar donde se pueda sembrar soja se siembra. Por eso, esta agricultura orgánica viene a ser una resistencia y una demostración de que se puede producir sano sin tener que usar ningún tipo de herbicida o de cualquier cosa que mate algo en la naturaleza.

¿Qué consecuencias tiene el uso de estos herbicidas o agrotóxicos?

F.T: La primera consecuencia que tiene es la contaminación directa en el ambiente. La segunda cosa más importante es que en el uso de semillas transgénicas se utiliza un paquete tecnológico que incluye herbicidas, fertilizantes, etc. Y que todo eso va a lo que comemos. Por ejemplo, la lecitina de soja se usa en el 80% de nuestras comidas saladas y la fructuosa del maíz en nuestras comidas dulces. Entonces, en la mayoría de las cosas que compras estás incorporados los herbicidas y los insecticidas.

Es verdad, si uno mira la lista de ingredientes de un paquete de galletitas puede leer: “jarabe de maíz de alta fructuosa” o “lecitina de soja”.

F.T: Claro, y no hace falta que comas directamente maíz o soja, ya que en lo que comes a diario lo estas incorporando. La otra cosa que hace este tipo de agricultura es lo que te comentaba. Una social, ya que se ha desplazado al campesino de lugares y se le ha sacado el monte que era su fuente de ingreso con leña, carbón o alguna cría de ganado. Entonces, tomaron valor y algunos “vivos” se agarraron esos lugares y utilizan las semillas transgénicas para cultivar allí donde antes era impensado. Entonces para darte un ejemplo, yo tengo un monte natural que me absorbe el 100% del agua que cae en un lugar como estos, que puede andar entre 600-800 mm al año, absorbe toda el agua y va a las napas para que quede en su lugar. Bien, la soja no hace eso, porque no puede absorber el 100%, sino que absorbe la mitad. Y esa agua que me sobra provoca inundaciones, lavado de suelo, grandes canales, desertificación, y contaminación. Porque esa agua va a todas cuencas de río y se dice que hay estudios hechos de que en todo el Paraná hay glifosato. Ya en el aire hay glifosato que es uno de los herbicidas más conocidos para el uso de estas tecnologías. Entonces, tenemos consecuencias ambientales, sociales, y económicas también. Porque se gana mucho con la soja pero se pierde mucho con lo que se va de suelo, cuando exportamos nutrientes, agua y estamos perdiendo todo.

¿En qué consiste esta resistencia que se hace al utilizar la agricultura orgánica?

F.T: Básicamente, la resistencia es demostrar que es posible producir. El hambre del mundo no se va a acabar con el tipo de agricultura convencional. El hambre se puede sacar si hay solidaridad de la gente, si la distribución de las riquezas es apropiada. Y la agricultura ésta tiene que ver con eso, con asociarse con gente, aprender unos de otros, en las ferias donde hay intercambios de saberes, intercambios de semillas, de soberanía alimentaria. Y la resistencia es de a poco sin ser muy difundida, pero de a poquito la gente empieza a conocerla. Mi función acá en el hotel es dar algunas charlas sobre el tema y concientizar. Si bien yo tengo un pensamiento un tanto apocalíptico de que la gente cambia cuando las cosas ya han pasado, pero de todos modos creo que uno tiene que advertir o estar trabajando en eso y no quedarse con “lo que va a pasar”, sino en todo caso no ser parte de eso.

Y esto que me decís es mostrar otra visión y otra forma de hacer las cosas. ¿No hay una forma de cultivar?

F.T: No. Hay miles de formas y todas son igualmente válidas. Y lo más importante de esto es aprender día a día y tomar de cada uno de esos sistemas de agricultura, como la permacultura, la biodinámica, etc. Hay muchos de esos tipos de producción y están demostrando día a día que es posible. No tenemos una receta, tenemos unas ganas de aprender cada día de la naturaleza, agredir lo menos posible, y vivir de otra manera.

¿Se puede decir también qué esta resistencia que haces, y que hacen todos los que practican esta forma distinta de cultivar, es una resistencia política?

F.T: Obviamente, si. Hay excepciones, pero en general todo agricultor agroecológico tiene una visión de la política social distinta a lo que es el capitalismo. De esto se trata, de no pensar en hacer dinero, sino de tener el alimento sano, salud, igual condiciones para unos y otros, la educación tiene mucho que ver. Por ejemplo, uno no puede entender una política agropecuaria con gente que tiene millones de hectáreas y que le da poco trabajo a la gente. Es cierto que un cambio de ese tipo es difícil, pero mínimamente deberían haber políticas que obligaran a esas personas a tener gente trabajando, que más gente pueda vivir de esos espacios. Entonces, es una forma política de ver al país y al mundo.

¿Y esa ley de desmontes que se está tratando de resistir en qué consiste?

La ley de bosques actual ha fijado distintas categorías de monte, que algunos son intocables y están caracterizadas por color verde, amarillo y rojo. Rojo es imposible tocar, son lugares que no se puede desmontar, por ejemplo nosotros aquí en el Valle de Calamuchita estamos en una zona roja. Y hay otra zona que es la amarilla, y la quieren tocar porque es una zona de bosque nativo que se llama fachinal o sotobosque. Es un lugar bastante inaccesible con montes bajos, que no son de más de la altura de una persona, hay mucha espina, Pero que tiene la particularidad de albergar a casi todas nuestras especies nativas de fauna y flora. Entonces, esta ley quiere ir contra eso. Usan grandes rolos, sacan ese lugar, y siembran soja o ponen pastura para vaca. Y lo que no se tiene en cuenta es que no es solamente el árbol, el churqui como le dicen acá, sino lo que vive alrededor de él y eso es lo que se quiere proteger. Ya tienen demasiado espacio, ¿Para qué quieren más? ¿Para qué someter a toda esa vida? Que encima no es ni siquiera para darle trabajo a la gente, al contrario y no tiene sentido que perdamos ese 3% y nos quedemos con el 1%. Entonces, a eso le hacemos la resistencia. Y por suerte hay mucha gente comprometida, en cuanto a organizaciones sociales de vez en cuando vamos a las marchas, así que estamos resistiendo de esa manera.

Además, es increíble eso de considerarse dueño de las plantas, de la vida, por sólo tener un papel. Es una locura como se logra obtener ese papel que te jacta de ser dueño de todo eso.

F.T: Como si no fuera patrimonio de todos. Uno puede ser dueño de un sector porque tiene una escritura pero no es dueño de los árboles, no es dueño de la vida. Por ejemplo, nuestras culturas ancestrales no tienen ese concepto de posesión de las cosas, sino que tienen respeto sobre las cosas, especialmente sobre las plantas. Aunque tenga que cortar un árbol para tener una leña, no tiene que ver con la depredación, tiene que ver con el respeto por la naturaleza. La agricultura orgánica es eso. No medimos la producción sino la protección. Vemos cuánto le damos a la tierra para después cosechar nosotros. Hace un rato te mostraba como de una semilla, sale un girasol con cientos de semillas y es hasta emocionante verlo. Para los que hacemos agricultura orgánica es nuestro pensamiento, es nuestra forma de vivir y para algunos puede parece loco en este sistema tan mercantilista, pero con el tiempo creemos que se va a tener que revertir.

Inclusive, como mencionabas recién, en las culturas ancestrales había parcelas de tierra que eran trabajadas por distintas familias, y no una parcela para cada familia sino una grande trabajada por toda la comunidad.

F.T: Claro, lo que se llamaban mingas. La gente se unía para hacerle la casa a alguien o para sembrar en forma comunitaria. Por ejemplo, acá en El Parador de La Montaña estamos tratando de hacer eso en este lugarcito que nos han dado para los habitantes que somos pocos y la huerta comunitaria es también una excusa juntarse, para hablar de estos temas y proteger los montes. Acá nosotros cuando alguien compra un terreno tratamos de estar ahí advirtiendo y tratando de concientiza y proteger como podemos hablando, sin andar de policías. Porque como decías vos, la gente se siente dueña del lugar, “compré esto, es mío y si ese árbol me molesta lo saco”. Hasta ahora estamos logrando que la gente se concientice y trate de dejar lo más posible el monte. Tratamos de que la gente entienda que cada acción que hago sobre la naturaleza, no solamente es contra mí mismo sino que también contra el vecino, y contra los que queremos vivir de otra manera.

Mira vos como esa visión de “compro un terreno y saco ese espinillo que me molesta porque tiene espinas y es muy rústico”, es la misma que después se aplica en la agricultura convencional, “cuando está el yuyo le echo un herbicida, mato todo y lo saco porque me molesta”.

F.T: Y la realidad es que la vida vuelve. Porque muchas de estas cosas que se daban como mágicas, ya no lo son. Por ejemplo, al glifosato ya hay varias especies que están haciendo resistencia y ahora no las pueden sacar con nada, excepto haciendo un cóctel peor de lo que se hace. Lo que se intenta, es luchar contra algo que siempre va a ganar. Te lo gana con las inundaciones, te lo gana con los tornados, te lo gana con otras cosas pero te lo gana. Entonces la vida se hace cada vez más difícil en un mundo que cambia de esta manera sino tomamos conciencia. Yo con esto no le echo la culpa a ese tipo de agricultor. Porque me doy cuenta que no tienen conciencia de las consecuencias de ese modelo. Y cuando luchamos en contra de la ley de montes, luchamos a favor de ellos. No queremos que ellos dejen de ser agricultores, queremos que lo sean, que no se les inunden los campos, queremos proteger y si podemos volver hacia atrás, reforestar y aumentar la cantidad de montes, les va a servir a ellos y al hermano que vive al lado. Pero yo me doy cuenta que no lo entienden porque tienen otra visión, y esa es la visión que hay que debatir.

¿Y esta manera de cultivar, orgánica y de respeto a la naturaleza, de dónde la podemos aprender?

F.T: Hay bibliografía de por ejemplo, biodinámica. También, se brindan cursos, talleres, incluso podes ir a una chacra a trabajar un tiempito. Tenés la permacultura que es un sistema de vida distinto y abocado a la auto-sustentabilidad. Porque si querés vivir en un lugar, ya de por sí tenés que hacer tu casa utilizando los elementos que se encuentran allí, barro, madera, etc. Además, están las ferias agroecológicas que son una fuente inmensa de sabiduría y de intercambio de saberes. Las fuentes son varias, hay que también decidir a cambiar la cabeza, la forma de ver las cosas, la estética inclusive. Acá por ejemplo, en esta huerta orgánica vas a ver yuyos, vas a ver algún desorden, pero de acuerdo al orden que nosotros tenemos como visión de estética y tiene que ver con el desorden que hay en la naturaleza. No vas a encontrar en la naturaleza todo juntito y de lo mismo, sino que vas a encontrar algún yuyo, alguna flor, algún árbol y todo mezcladito porque así funciona. También, vas a encontrar hormigas, arañas, caracoles y todo en forma equilibrada. Entonces, en definitiva si queremos aprender, primero tenemos que pensar que vamos a tener que cambiar nuestra cabeza. Y ahí vamos a dejar atrás viejos conocimientos, conocimientos que los creíamos verdaderos, que me pueden servir en parte, pero que no es el total de la verdad en cuanto a la producción agroecológica.

¿Esto de cultivar de manera agroecológica es también una ayuda de poder utilizar lo que se considera como basura, sin verlo como desecho sino como una fuente de alimento para las plantas y de vida que después va a volverle a uno con los frutos no?

F.T: Bueno, no lo había pensado así, pero por supuesto que la basura ya no la vemos como basura. Es lo que vos comentabas, ni más ni menos. Es una fuente importante de nuestro oro para poder producir. En el momento en que uno recicla parte de su basura utilizando el compostaje, le está mostrando al vecino, que está sacando el 38% de su basura y es bastante. Entonces, si podemos hacer eso, creo que lo que están faltando son políticas nada más para evitar los rellenos sanitarios, por ejemplo. Entonces, reciclando con el compostaje o ayudado de lombrices, estoy produciendo ese preciado abono orgánico para cultivar de forma sana.

Por lo que me decías recién, no se trata de autoabastecerse desde el comienzo, sino de empezar de a poco y proyectar a futuro.

F.T: Claro, esto requiere de paciencia. Porque quizá el lugar que agarres para producir está desequilibrado. Como me comentabas vos de tu terreno, en el cual ha habido construcción, hay cascotes, hay tierra que no está muy nutrida, etc. Entonces, lo que tengo que hacer es pensar que voy a equilibrar ese terreno primero para luego poder producir. Si uno lee la historia de Fukuoka, que fue el precursor de la “agricultura natural”, el tipo agarró un desierto para empezar su agricultura y con muchos años y su paciencia, logró en un desierto producir un vergel tipo paraíso. Entonces esto se puede, pero siempre con paciencia. No tengo que pretender cuando recién empiezo tener el tomate, la berenjena, el limón, etc. Porque vas a tener que equilibrar aunque sea un pequeño lugar. Y se puede hacer en una terraza, en un balcón, en una huerta vertical, en un patio, lo de tener pequeñas cosas y que no son buenas solamente porque las tenemos, sino también porque es terapéutico. Creo que las personas, cuando se conectan con la tierra, se produce algo mágico y se necesitan menos psicólogos por lo menos. Aunque, tampoco uno cree que todas las personas van a ser agricultores, porque cada uno tiene sus gustos. Pero, si uno tiene cierta inclinación por el tema se puede y por más que el terreno donde empiece sea malo, hay técnicas y formas de producir allí. Y la más importante es el reciclado para producir nuestro propio abono orgánico a partir de lo que uno tiene. El papel, el cartón, los desechos de nuestra cocina, todo eso sirve para empezar a equilibrar un lugar aunque sea pequeño al principio, pero ir creciendo de a poco.

Además, de la basura orgánica se puede utilizar el plástico de los envases o las bolsas de residuo también. Por ejemplo, para utilizarlo como contenedor o maceta, en caso de no contar con un terreno. O sea, que prácticamente toda la basura se puede utilizar.

F.T: Exacto, los bidones, las botellas pep, todo eso se puede utilizar para por ejemplo, cuando se vive en un departamento y se tiene un patio de cemento. Se reutiliza y hasta si uno tiene buen gusto queda lindo. Entonces, lo importante es empezar y hay mucha gente dispuesta a transmitir lo que aprendió. Muy pocos agricultores orgánicos van a tener un secreto, sino que tratan de decirte todo lo que aprendieron, lo que hicieron mal, lo que hicieron bien, de qué forma fueron mejorando, y es una manera de aprender.

¿Se puede decir que la metodología para cultivar orgánicamente es autóctona?

F.T: Por lo menos es mi forma de pensar. Si bien hay gente que cree que su metodología es la mejor, lo que he aprendido hasta aquí es lo siguiente: de todo uno puede aprender pero también hay que fijarse y ser muy observador del lugar en que está. ¿Cuánto llueve? ¿Qué características tiene el lugar? ¿Cuánto da el sol? Si bien hay técnicas que son iguales para todo, hay estrategias que tenés que ir viendo vos. Y eso es lo maravilloso de esto. Hay que aprender a observar cómo se comporta la naturaleza del lugar. Es un constante aprendizaje, aunque obviamente hay gente que prefiere las recetas. Yo no creo que haya una receta mágica. Hay que tomar y aprender de esas cosas que se dicen, pero también adaptarte al lugar que tenés y aprender día a día.

¿Y si hablamos de equilibrar la tierra, de qué estamos hablando?

F.T: Es volver a lo que era la naturaleza. Es decir, cada vez que el hombre usa un lugar está agrediendo, interviniendo el lugar y por lo tanto, haciendo un daño ecológico. Puede ser mínimo o muy grande. Por ejemplo, en la agricultura antes se creía que había que dar vuelta la tierra y remover bien a la hora de sembrar. Y uno no sabe que de esa forma está eliminando un montón de microorganismos que van a disminuir la posibilidad de que se pueda cultivar de vuelta allí la misma planta. Porque al principio va a andar bien pero después a mediano plazo se van a notar las consecuencias. Uno puede ver como luego de descubrir un lugar, éste se vuelve a cubrir de yuyos. Y esto pasa en cualquier lugar, porque el suelo nunca puede estar descubierto. La naturaleza nos lo demuestra. Y esto se debe a que si no está cubierto el suelo, se descubren y se mueren los microorganismos que son los que se encargan de transformar toda la materia orgánica que cae, en materia mineral que es lo que usan las plantas para vivir. Entonces en primer lugar, equilibrar un lugar significa como voy a cuidar la tierra para agredirla lo menos posible. En segundo lugar, La naturaleza generalmente, salvo en un bosque, no se presenta con una sola especie, sino con muchas especies. Por eso, tengo que pensar la huerta con algún frutal, algún árbol nativo en lo posible, algunas aromáticas, muchas flores, y con un diseño que no sea tan estructurado como estamos acostumbrados a ver, como si fuera un jardín inglés. Con una estructura lo más idéntica a la naturaleza.

Obviamente que algún surco vamos a hacer por una cuestión de organización. Pero procurar que estén juntas plantas, flores, aromáticas, y algún árbol. Por ejemplo, el árbol me puede servir para tener un sombreado en un lugar donde haya plantas sensibles, o algunas plantas altas me pueden hacer un cortinado para proteger a otras del viento. Y eso es a lo que yo llamo equilibrar el lugar. Todo lleva su tiempo, pero cuando pasan tres o cuatro años vas a ver los inmensos resultados. Si bien, hay cambios climáticos que pueden hacer un exceso de algo que me genere una plaga, hay que tratar minimizar el potencial de esos cambios teniendo el lugar equilibrado. Entonces, cuando planifico una huerta, o una forma de vida en mi casa puedo pensar en por ejemplo, reciclar los excesos de agua que se llaman “aguas grises”, que vienen de la ducha o de la cocina, excepto del inodoro, usándolos como fuente de agua. ¿Cómo? Teniendo algo tan bello como una fuente de agua en casa con plantas acuáticas que me la purifican y la puedo usar perfectamente para el suelo. O también, facilitándole el lugar a una colmenita, donde no tengas peligro vos, para poder tener mayor cantidad de polinizadores en el lugar. De esa forma, estas equilibrando un lugar para poder producir.

¿Para qué sirve la mayor polinización en la huerta?

F.T: Digamos que hay plantas que se autopolinizan y hay otras que necesitan a un agente que puede ser el viento, aunque mayormente los insectos, que lo que hacen es transportar el polen de las flores masculinas al estambre de las flores femeninas para que puedan dar frutos. Los insectos que en mayor parte lo hacen, son las abejas, los abejorros, y algunas mariposas, aunque hay varios más. Entonces, nosotros tenemos que favorecer que estos insectos vivan en la huerta porque de ese modo nos garantizamos una mayor producción. Y los podemos atraer con las flores que son atrayentes de diversos insectos y también con la floración de las aromáticas. Vas a tener bichos de todo tipo, vas a encontrar alguna hoja con un agujerito pero es comestible y por ahí hay algo que tenés que ceder para hacer una especie de “pacto” con los insectos y que se mantenga equilibrado el lugar. No hay insectos malos y buenos como se dice por ahí, porque todos cumplen su función. Por ejemplo, la gente siempre dice que quiere sacarse de encima las hormigas. Acá en la huerta habrás visto que hay muchos hormigueros.

Si, y hay algunos que son bastante grandes. Y sinceramente, no se ve ningún daño relevante en la huerta por eso.

F.T: Para mí, las hormigas son uno de los bichos que más me ayudan en la huerta porque me marcan los problemas que tengo de desequilibrios. Por eso, ellas van a un árbol y pasan por otros antes, porque captan estos desequilibrios en la planta. Las plantas tienen capacidad de defenderse, pero cuando están en un problema de stress, de salud o de nutrición esa función disminuye y es ahí donde las hormigas van. Entonces, ¿qué hago, matar a las hormigas? Inútil porque voy a gastar dinero al vicio en venenos y aunque mate todas las de mi casa, van a venir las del vecino, las de fondo o las de otro lado. Lo he puesto en práctica y cada vez que veo eso, voy, abono el lugar, me fijo que mantenga la humedad correcta y sé que la próxima vez no van a venir las hormigas. Y quizá me marquen otro lugar. Entonces, las incluyo a las hormigas, y si es necesario las alimento con algo y las mantengo como parte del lugar porque son nuestras colegas. Aunque no quiero exagerar en esto, no estoy diciendo que no mates absolutamente nada. Lo que digo es mejor que se equilibre solo, que haya otro bicho que se lo coma a ese y no seas vos el que intervenga con un veneno que mata a todos los insectos que hay en el lugar. Si es necesario, hay métodos biológicos y preparados orgánicos para intervenir. Aunque, la verdad es que yo trato de hacerlo lo menos posible. Y eso es algo de lo que tengo que enorgullecerme porque trato de mantener equilibrado el lugar para no tener mayor problema. No tengo un libro que me respalde, tengo una vida, que no tiene que ver con lo que estudié sino con lo que aprendo día a día como autodidacta.

¿En qué instancia de organización se encuentran acá en la zona contra el Monsanto y la ley de montes?

F.T: Acá en la zona hubo un antecedente, en el barrio Ituzaingó, con las mujeres que estuvieron luchando contra los agricultores que fueron condenados por echar herbicidas, etc. Y ese antecedente fue muy bueno porque le dio mucha fuerza. Si bien, la condena fue menor y no fue gran cosa con todas las vidas que se habían perdido y enfermedades que habían en el barrio. Esa lucha despertó muchas organizaciones y a Monsanto no lo dejaron entrar y se tuvo que ir. No dejaron que se instale y se concientizaron muchas personas. Y para mí, ese juicio fue el punto de inflexión que ha hecho que las organizaciones sociales, de campesinos y de agricultores tomaran fuerza con esa condena, evitando desalojos, y no dejando entrar a Monsanto a que se instale. Entonces, uno está esperanzado de que esto se pueda revertir. Hay muchas presiones en cuanto a lo político, porque estos tipos que quieren la ley de montes son los que después financian las campañas políticas y quieren que les devuelvan el favor, según lo que pensamos nosotros. Pero la gente en la calle también tiene su fuerza y valor. Y lo que se pretende no es no discutir. Lo que se pretende justamente es que se discuta. No que hagan una audiencia lejos donde no pueda ir nadie y no se discuta. Queremos que se favorezca el agricultor que cría vacas, que se favorezca también el campesino y que se salve el monte. Entonces, hay que encontrar una ley que sea favorable para todos. Pero no podemos permitir que se beneficien unos pocos, aunque crean que con eso van a salvar el país y no es la realidad. Lo que hacen es provocar inundaciones o sequías, etc.

Es increíble como en los medios no hay prácticamente difusión sobre la ley de montes y mucho menos sobre la resistencia que hay contra ella.

F.T: No, en los medios masivos nacionales no se difunde prácticamente nuestra lucha. Lo que nosotros hacemos es difundir por las redes sociales y por ahí las adhesiones de artistas, como Raly Barrionuevo o Doña Jovita, ayudan porque son gente muy comprometida que difunde esto para que se prenda mucha gente. En la universidad la gente de sociales por suerte también está comprometida y nos ayuda con el tema.

¿Cuál es la visión a futuro que tenés sobre la lucha contra Monsanto y contra la ley de montes?

F.T: Como te dije al principio, tengo un pensamiento un poco apocalíptico en cuanto a que se genere una consciencia colectiva sobre el tema, por lo que veo y por lo que vi a lo largo de mi vida. En general, se crea consciencia cuando la cosa ya nos afectó. “Mientras tanto, si no me afecta, no es mío, o es del vecino no me preocupa”. Entonces, hay todavía mucho de eso en nuestra consciencia individualista. La promoción que hay del individualismo es cada vez peor, pero estamos con cierta esperanza por algunos logros, y por como las cosas se están acelerando sino tomamos consciencia rápidamente nos vamos al tacho. Por eso, la agricultura orgánica no es que va a venir a salvar la cosa. Es la consciencia de lo que hay que hacer de ahora en adelante. Tener consciencia de que criar vacas así “porque la vaca argentina y que se yo”, cuando la cria de vacas masiva es un gran contaminante y lo está haciendo al igual que un parque automotor. Si podemos bajar el consumo de carne mejor. Yo soy una persona a la que le gustan los asados, no tengo drama con eso, pero hay que tomar consciencia y cambiar un poco algunas conductas. En resumen, soy un poco apocalíptico pero también veo que la cosa se acelera muy rápido y vamos a tener que tomar consciencia porque si no nos vamos al tacho.




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