22 de enero de 2017

CABA
Medios

El gran cerco argentino


La semana pasada estuvo atravesada en su totalidad por un conflicto silenciado por la gran mayoría de los medios hegemónicos: el cierre de la planta de la imprenta gráfica AGR, perteneciente al Grupo Clarín, generando 380 despidos sin previo aviso y la toma de ésta por parte de sus trabajadores. Si bien no es la primera vez que un conflicto de gran trascendencia es ignorado por la prensa, o con una cobertura parcial en defensa de las patronales, en este caso la alevosía con la que se manejó, tanto el grupo Clarín como otros multimedios, no encuentra precedente similar, al menos en los últimos años. Por Ramiro Giganti, para ANRed.


El pasado lunes 16 de enero, por la madrugada, un grupo de trabajadores asistieron a la planta de Artes Gráficas Rioplatense S.A. (AGR) a trabajar, como lo venían haciendo. En la puerta se encontraron con la planta cerrada y un cartel que colgaba de la puerta diciendo que la planta había cerrado y que los 380 trabajadores estaban despedidos, y la información para cobrar indemnizaciones. Mientras esto ocurría, un enorme despliegue policial con efectivos de Infantería y Gendarmería rodeaba, no solo la planta de AGR sino las tres redacciones del diario Clarín, como si las autoridades gubernamentales de seguridad supieran previamente lo que estaba ocurriendo. Los trabajadores de AGR ocuparon la entrada de la planta, quedando atrapados, rodeados por las fuerzas de seguridad. También fueron rodeados de la solidaridad de distintas organizaciones gremiales, políticas y de Derechos Humanos, solidaridad que fue fundamental para protegerlos y difundir en las redes sociales lo que estaba ocurriendo.

Como era de esperar, ninguna noticia con la voz de los trabajadores fue publicada en medios del Grupo Clarín, ni emitida por medios televisivos o radiales de dicho grupo. Pero sorpresivamente tampoco tuvo la difusión pertinente en otros multimedios de distintas empresas, como si las patronales de los medios hegemónicos, que compiten en el mercado e incluso muchas veces muestran líneas editoriales contrapuestas, se hubieran puesto de acuerdo para retirar de la agenda semejante noticia. Las excepciones fueron muy pocas y con otra modalidad muy utilizada a la hora de ocultar o disimular un conflicto: publicarlo en un espacio marginal, como para poder negar las acusaciones de censura y darle la última voz a la patronal sin derecho a réplica de la otra parte, como ocurriera en un breve informe de la televisión pública. Algo similar, pero con desprolijidades visibles, ocurrió con el diario Página 12, que primero había publicado el comunicado de los trabajadores, luego lo retiró de sitio web, para finalmente volver a publicarlo en otra sección, modificando el título y la bajada y cerrando la nota con la voz de la patronal en el último párrafo. Quitando estas pequeñas y marginales excepciones, el primer día la noticia estuvo marginada de los medios hegemónicos, solo contó con la difusión de medios alternativos y las prensas de partidos de izquierda y otras organizaciones.

Con el transcurso de los días, gracias a la inquebrantable voluntad de los trabajadores y sus familias para seguir firmes en su lucha, y la solidaridad y difusión a través de las redes sociales y medios alternativos, el cerco fue cediendo de manera muy lenta logrando que algunos medios hegemónicos le den un espacio muy marginal a la noticia, aunque se mantuvo en todas las empresas del grupo de multimedios más poderoso del país. Los trabajadores de prensa de Clarín tuvieron que realizar sus tareas con las redacciones valladas y la intimidante presencia de fuerzas de seguridad encima. Solo una nota muy burda de propaganda patronal, con información errónea (como decir que los despedidos son 40 y no más de 300) fue publicada en “el gran diario argentino”.

Tras una ilegal represión en las inmediaciones de la planta, de la que se desconoce quien dio la orden, los trabajadores convocaron a una conferencia de prensa y luego a una movilización para el pasado jueves 19. La convocatoria y la movilización fueron contundentes: miles de manifestantes acompañaron a los trabajadores desde el obelisco al Ministerio de Trabajo, donde no recibieron respuesta de parte de las autoridades. Pero a pesar de la convocatoria, la movilización no contó con la presencia de ningún móvil de ningún noticiero televisivo. Movilizaciones de menor convocatoria suelen contar con la presencia de móviles de más de un canal, pero no fue este el caso. No sólo no hubo un móvil del multimedio inmerso en el conflicto, tampoco hubo móvil de otros medios.

No estuvo C5N, el medio cuya audiencia mayoritaria reside en televidentes que adherían al anterior gobierno y que encuentran refugio en este canal ante la ausencia de programas como "678" u otros de perfil kirchnerista. Solo unas tímidas y breves palabras, sin una pertinente cobertura del conflicto, por parte de Víctor Hugo Morales, quien fuera, incluso antes del conflicto en torno a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, un incansable crítico de dicha corporación. Roberto Navarro no le dedicó el espacio pertinente a este conflicto, ni se lo vio en la agenda del canal. Tal vez porque la “solidaridad de clase” entre empresarios puede ser capaz de dejar las diferencias a un lado cuando se trata de un conflicto con trabajadores de prensa, que de expandirse afectaría a la propia empresa.

Siguiendo el recorrido por otras empresas vale comentar lo ocurrido en el diario La Nación, donde los trabajadores agrupados en su comisión interna se mostró solidaria desde el inicio del conflicto mientras la línea editorial del diario fue parte del cerco en los primeros días. Pero por la presión de los trabajadores una breve nota salió publicada en el diario el día de la movilización, pero sorpresivamente fue quitada del sitio web horas después de ser publicada.

Los propios trabajadores del diario denunciaron la censura, denuncia a la que se sumaron Izquierda Diario y Prensa Obrera.

Vale recordar que los trabajadores del diario La Nación vienen atravesando importantes conflictos con su patronal, no solo por cuestiones gremiales simples (despidos o cuestiones salariales) sino también por la libre expresión entorno a la labor periodística: a poco tiempo de asumir el nuevo gobierno, una editorial que defendía elementos de la pasada dictadura genocida fue publicada en el diario y repudiada por sus trabajadores, situaciones similares se repitieron en el transcurso del pasado año.

Delimitándose de su patronal y la línea editorial impuesta, los trabajadores del diario, además de cuestionar editoriales, se mostraron incondicionales en su apoyo a los trabajadores de AGR dando una enorme lección de solidaridad de clase. Vale mencionar que además de las comisiones internas del diario La Nación y Clarín, otras comisiones internas, como la de C5N, Telefé, o Revista Veintitrés, por solo mencionar algunas, también manifestaron su apoyo a los trabajadores de la Grafica AGR, muchas de ellas agrupadas en el flamante sindicato de prensa SiPreBa, que actualmente se encuentra llevando a cabo un fuerte proceso de democratización del gremio con elecciones gremiales en cada una de las empresas donde se agrupa.

En dicho gremio es delegada la conductora del Noticiero de Canal 13 Silvia Martínez Cassina quien, a diferencia de muchos otros conductores televisivos, manifestó un fuerte e incondicional apoyo a los trabajadores asumiendo el riesgo que significa. Martinez Cassina se había encontrado inmersa en un conflicto al ser amenazada “subliminalmente” por el diario Clarín de manera burda, luego de mencionar al aire Juana de Arco y pronunciarse a favor del #NiUnaMenos, cuando al día siguiente fue publicada una breve nota del diario con el aviso “Ojo Silvia, que Juana de Arco terminó en la hoguera” . Tanto la conductora como su sindicato y gran parte del arco militante repudiaron la amenaza.

Luego de la movilización los trabajadores realizaron un plenario y un festival frente a la Grafica, que contó con la presencia de numerosos artistas y organizaciones. Así concluye la primera semana de una lucha que aparenta ser muy larga. En el plenario se votó convocar a una gran jornada nacional para el martes 24/1, con movilizaciones a todos los edificios del Grupo Clarín en el país.

Los trabajadores y sus familias están dispuestos a seguir firmes, saben que enfrentan a un gigante muy poderoso, pero cuentan con una moral fuerte y el apoyo de numerosos compañeros. Es que en este conflicto, además de ponerse en juego la fuente de trabajo de 380 nobles luchadores, se disputa la libertad de expresión y las condiciones laborales de gran parte de la población, ya que como diversos legisladores de izquierda alertaron, estos despidos son un ensayo de una fuerte flexibilización laboral que el gobierno pretende aplicar. Es por todo esto que resulta más que pertinente una frase repetida en este conflicto: “si ganan los trabajadores de AGR ganamos todos”.

Y por último, vale un cierre musical, pero no de artistas consagrados como tales, sino con el canto de los propios trabajadores en lucha: “se va a acabar, se va a morir, la dictadura de Clarín”.


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