20 de enero de 2017

Economía

La crisis apura la reforma laboral

Los tiempos previstos por el gobierno nacional para impulsar transformaciones profundas se ven acelerados por una coyuntura desfavorable tanto local como internacionalmente. La dinámica de la crisis está en la base de las señales de adelantamiento de una reforma laboral que cuestiona conquistas históricas de los trabajadores. Por Eduardo Lucita


Más allá del mayor o menor gradualismo del ajuste en curso lo que está quedando a la luz pública es la debilidad competitiva del capitalismo argentino. Debilidad que en última instancia es la causal de todas las crisis recurrentes desde la segunda mitad del siglo pasado hasta hoy.

El FMI acaba de hacer pública su decepción por el comportamiento de la economía del país en el 2do semestre pasado. Todo indica que este año la economía tendrá un rebote y el PBI terminará igual que en el 2015 pero con mayor desocupación, mayor pobreza y más deuda, mientras que la prometida lluvia inversora brilla por su ausencia. La inflación si bien menor tiene un piso del 20 al 25 por ciento; el déficit fiscal del año que terminó y del que se proyecta parta este es el mismo del kirchnerismo, lo único que cambió es la financiación -emisión por deuda. En 2016 se batieron records de endeudamiento y se volverá a repetir en este 2017, pero no es posible continuar en esa senda en el 2018. En muchos analistas hay dudas de que los brotes verdes finalmente aparezcan en este 1er. trimestre.

Así las cosas el gobierno Macri busca entonces resolver los condicionantes estructurales del capitalismo dependiente argentino –léase competitividad de la economía y productividad de los factores— para atraer inversiones, aggiornarse tecnológicamente y poder así competir en los mercados internacionales

Un problema histórico

Es en 1952, cuando el 2do. Plan Quinquenal, que aparece por primera vez el problema de la productividad del capitalismo nacional, y es en 1955 cuando se lanza el Congreso Nacional de la Productividad y el Trabajo. Es que en esa crisis se detectaron los primeros problemas de competitividad.

Desde entonces las insuficiencias del sector industrial para proveerse las divisas necesarias para su desarrollo se fueron agravando año a año, la desarticulación industrial de los años ’90 fue un golpe definitivo. La matriz insumo/producto tiene hoy un componente importado elevado (del orden del 37-40%), ya no son solo equipos sino también insumos intermedios, y las divisas provistas por el campo ya no alcanzan. Con el ingreso de China a la OMC la fuerza de trabajo mundial más que se duplicó (de 1500 millones de trabajadores a 3.500). Con salarios asiáticos de 200 dólares y condiciones de superexplotación propias de la primera mitad del siglo pasado el piso de competitividad es hoy mucho más elevado.

La “adenda” al convenio petrolero

Es en este contexto es que deben entenderse las modificaciones al Convenio Colectivo de Trabajo de petróleo y gas no convencional en la provincia de Neuquén. Estas comenzaron a discutirse hace tiempo, cuando las negociaciones estaban empantanadas, por la negativa sindical a aceptar modificaciones regresivas, YPF presionó con la baja de 33 equipos de exploración y 1700 despidos. El impacto disciplinador fue inmediato en un sector de altos ingresos, que prefirió entregar condiciones laborales a cambio de mantener los puestos de trabajo.

El acuerdo flexibilizador contempla condiciones de superexplotación que exponen la salud y la seguridad de los trabajadores. Se impone la multifuncionalidad; la empresa decidirá si se suspenden o no la tareas por las condiciones climáticas; las cuadrillas podrán trabajar aún cuando la nómina no esté completa; se modifica la jornada laboral al no considerar los tiempos de viaje (horas taxi) y los tiempos de descanso entre actividades; se eliminan las horas extras de fines de semana y feriados y se habilita el montaje y desmontaje en horarios nocturnos.

Se estima que con estas modificaciones las empresas bajaran un 30 por ciento sus costos operativos. El Estado nacional eliminó las retenciones a las exportaciones petroleras y se compromete a mejorar la infraestructura vial y ferroviaria y a garantizar un curso de ajuste para los precios del plan de estímulo Gas Plus para este año, en tanto que la provincia no incrementara la presión tributaria sobre las petroleras y mejorará caminos internos. Las empresas por su parte se comprometen invertir y a no despedir trabajadores, aunque habilitaran un registro de retiros voluntarios. La dirección sindical avala todo.

Sector por sector

El acuerdo con los petroleros de Vaca Muerta es apenas un adelanto de un enfoque global. Ya los metalúrgicos de Tierra del Fuego y los mecánicos del SMATA -presionados por la rebaja arancelaria a productos electrónicos de importación y el potencial cierre de fábricas los primeros, por el avance de la robotización, la crisis en Brasil y las suspensiones los segundos- aceptaron modificar a la baja sus respectivas condiciones laborales.

Hace meses que el ministro de Trabajo Jorge Triaca había adelantado que buscaría revisar los convenios laborales y fijar bonos por productividad, el propio presidente Mauricio Macri en varias oportunidades se refirió críticamente a “la industria del juicio”, al ausentismo y a las reducciones horarias. Sin embargo por ahora la estrategia diseñada parece ser avanzar gradualmente por sectores modificando los marcos laborales y postergando la discusión integral de los convenios para evitar un conflicto generalizado con los sindicatos.

Es que el gobierno está haciendo lo que conocemos como “uso capitalista de la crisis”. Dicho de otra forma, aprovecha la debilidad y la incertidumbre –miedo a perder el trabajo- que la crisis introduce al interior de las filas obreras, para avanzar en una reforma estructural de las relaciones laborales, comenzando por los sectores más vulnerables frente a la competencia internacional, según los define el Plan Productivo Nacional. Se supone que los próximos serán Calzado, Textiles y Juguetes, aunque esta semana trascendieron negociaciones también en marítimos.

Siempre el costo laboral

La productividad es la resultante de un conjunto de factores, la OIT propone que se estudien todos los conceptos: “costos de financiación, de distribución, de gestión de la salud, de seguridad en el trabajo” sin embargo siempre se pone el acento en el costo laboral, más precisamente en los llamados “costos no salariales” (ausentismo, accidentes de trabajo, derechos sociales, extensión de la jornada). Es que para la lógica del capital la productividad depende del trabajo, se supone es la forma en que lo hace más eficiente.

En el horizonte no coyuntural están la negociación colectiva descentralizada, aumentos por productividad, eliminar el fuero laboral, reducir aportes patronales, reformar la ley de Riesgos del Trabajo, regresar al régimen de pasantías y transformar planes sociales en trabajo con salarios subsidiados en el sector privado (léase mano de obra barata).

De conjunto se trata de una reforma de las relaciones laborales que constituye un ataque en toda la línea a conquistas históricas de los trabajadores. Un frente que contenga a todas las tendencias obreras y sindicales es urgente para trazar una línea defensiva frente a esta estratégica ofensiva del capital y su Estado.

*Integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-




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