15 de enero de 2017

Argentina
Economía

La economía de los brotes secos

Una vez concluído el 2016 es posible evaluar qué nos dejó el segundo semestre: salarios contraídos, inflación histórica, aumentó en el desempleo y mayor flexibilización laboral. El panorama general -y aquí no hay discusión- es que el año 2016 ha sido un año recesivo. De acuerdo a las últimas estimaciones del Indec la caída del Producto Bruto Interno se ubica alrededor del 2,5%. Esta caída tuvo grandes consecuencias que fueron sufridas por la mayoría de nosotros y nosotras, caracterizaciones de esto son el aumento del desempleo, la pérdida de poder adquisitivo de nuestros salarios y la consecuente caída en el consumo, evidenciada tanto por las grandes empresas como también por el pequeño comerciante del barrio. Por Candelaria Botto, Lic. en Economía UBA (@CandelariaBotto) y Sebastián Fernández Franco (@sebiffranco), estudiante avanzado de Lic. en Economía UBA. Integrantes de la agrupación estudiantil BASE, Facultad de Ciencias Económicas UBA.


Desde el gobierno de Mauricio Macri este año de ajuste fue denominado como “año de sinceramiento y reordenamiento de las variables económicas”, es decir, como un paso necesario para la reestructuración económica que pretende gestionar.

Si nos posicionamos en los primeros meses del año pasado podemos recordar el tan publicitado segundo semestre, hoy podemos asegurar que el mismo nunca llegó. Sin embargo, desde el gobierno no desesperan y ahora las esperanzas están puestas en el 2017: se entiende que es este el año el que tiene las condiciones necesarias para mejorar la actividad económica. Pero entonces, ¿cuáles son estos requisitos para mejorar la situación económica que nos recibe con salarios más débiles y mayor desigualdad?

En primer lugar, está claro que el gobierno apuesta por un arranque de la economía a través de la caída del costo laboral ¿Por qué? Porque se supone que este es el incentivo que necesitaba el sector privado para reactivar su producción.
Aclaremos lo evidente: el costo salarial no es otra cosa que nuestros sueldos, el ingreso mensual de los y las trabajadoras. A su vez es lo que va a determinar cuánto vamos a poder gastar mensualmente, o sea, cuánto va a ser el consumo de nuestro mercado interno. Sin embargo, este eje no parece ser tenido en cuenta por la gestión de Cambiemos ya que sostiene la mirada empresaria de la cuestión y es por este motivo que los encontramos con el objetivo explícito de reducir el costo salarial, es decir, nuestros sueldos.

Sobre este punto, no debemos olvidar que hoy, nuestra economía maneja un nivel de desempleo del 8,5% según la última estimación del Indec para el tercer trimestre del 2016. La preocupante novedad desde diciembre de 2015 ha sido cómo el gobierno ha mantenido un rol protagónico en la gran cantidad de despidos y suspensiones. Recordemos, a un año del gobierno de Macri, que los despidos comenzaron en el sector público, facilitados por la precariedad de los contratos “heredados” del kirchnerismo. Otro aspecto no menor es cómo inmediatamente el Ministerio de Trabajo decidió no interceder en los despidos en el sector privado.

Actualmente, la mirada oficialista está volcada sobre el desempleo juvenil. El proyecto de ley del primer empleo, que permanece trabado en el Congreso, caracteriza sin dudas esta voluntad pero además encierra el objetivo (nunca declarado) de la precarización laboral. Un ejemplo de esto fue el acuerdo entre el gobierno y la cadena Arcos Dorados, luego frenado por la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, el cual implicaba sueldos por debajo del salario mínimo vital y móvil para los jóvenes, además de subsidios y exenciones impositivas para la empresa trasnacional.

En este sentido, no podemos olvidarnos de los dichos de nuestro nuevo ministro de hacienda, Nicolás Dujovne, cuando enfatizó que según sus estimaciones sobran un millón de empleados públicos, a quienes el Estado les estaría otorgando “un seguro de desempleo encubierto”.

A su vez el 2016 termina con niveles de inflación cercanos a los vividos en 2002, es decir, el año con más inflación de los últimos 25 años. Estos niveles de inflación, que llegaron a picos del 47% en la Ciudad de Buenos Aires y 41% para la ciudad de Córdoba, tuvieron un impacto reductor en nuestro salario real, es decir en nuestros ingresos, que nos alcanzan para comprar cada vez menos. Las paritarias cerraron por debajo de la inflación, dejando como resultado una caída del poder adquisitivo de alrededor del 10%.

El menor poder adquisitivo se ve reflejado en la clarísima caída del consumo que, hasta ahora, no reactiva. No debería sorprendernos que, luego de los cambios en el Ministerio de Hacienda y Finanzas, las paritarias de 2017 sean más duras profundizando el ajuste sobre los y las trabajadores. En este sentido, muchas veces ha dicho el sector privado que estamos caros en dólares y la caída del salario real, como repiten, no ha sido suficiente durante el macrismo para ser “competitivos” (salario que si bien se ha recuperado durante el kirchnerismo no había alcanzado sus niveles previos al comienzo de la última dictadura militar). No debemos dejar de lado que somos los trabajadores con nuestros sueldos quienes dinamizamos el mercado interno cuando hacemos nuestras compras cotidianas.

Planteado en estos términos se vuelve difícil creer que el 2017 tenga un desenlace que nos permita recuperar nuestros salarios reales previos y en todo caso debemos luchar por intentar no perder poder adquisitivo también este año.

Sale Prat Gay, entra Dujovne

La demanda agregada no cede y Macri, contento por el blanqueo, se preocupa porque el 2017 es año de elecciones y los y las trabajadores consumen poco.

El 2016 nos recibe, además de con una economía más desigual, con un cambio en el Ministerio de Hacienda y Finanzas. El “gradualista” Prat Gay es reemplazado por Nicolás Dujovne en Hacienda y Luis Caputo en Finanzas. Claramente hay una voluntad por parte de la gestión de Cambiemos de profundizar las políticas económicas, pasando de un programa con tintes más graduales a uno de un “shock” aún menos amigable para los y las trabajadoras. En este marco cabe preguntarnos por qué el 2017 debería ser mejor ¿Qué les hace pensar que, a partir de ahora, daremos fin a la caída del producto, y empezaremos, finalmente, a crecer?

Desde el oficialismo la apuesta está en torno al aumento del consumo y la inversión por el blanqueo fiscal. Sobre este punto hay dos cuestiones que no debemos olvidar: en primer lugar, es evidente que este gasto estará realizado por los sectores más favorecidos del país, o sea los que blanquearon sus capitales. Por lo tanto, el aumento de ingresos por parte de estos sectores minoritarios se supone que debe compensar la importante caída del consumo de los sectores mayoritarios. En segundo lugar, el blanqueo de capitales, el gran logro de nuestro ex ministro de hacienda no obliga a quienes blanqueen a traer sus capitales al país: de hecho, de lo blanqueado hasta el momento, el 86% permanece en el exterior. Evidentemente debemos generar otros incentivos que alienten a estos capitales a invertir en el país, lo que nos deja un horizonte sombrío para las próximas paritarias y al objetivo de bajar el costo salarial argentino.

La pregunta que nos estamos haciendo, en definitiva, es cómo piensa el gobierno revertir este primer año recesivo.

Por ahora, no sabemos qué va a suceder con las exportaciones mientras nuestros primeros socios comerciales, EEUU, Brasil, la Unión Europea (UE) y China, se mantengan en recesión o caída de su actividad. Los niveles de incertidumbre son muy altos: hay que pensar en la UE debido al Brexit y en EEUU luego del triunfo de Donald Trump. No está claro, entonces, que el gobierno pueda atarse de las exportaciones para garantizarse un repunte de la actividad económica. También desconfiamos de la lluvia de dólares. Parecería que no es suficiente para los inversores que nuestro país haya pagado a los holdouts (y antes, durante el gobierno kirchnerista, al Ciadi, al Club de París y a los tenedores de deuda que sí ingresaron al canje, entre otros) reestableciendo de esta manera su “confianza”. Necesitan tener garantizadas sus ventas, que se ven poco probables mientras los niveles de consumo de la población se mantengan desacelerados.

Para esto entendemos que las variables clave de la demanda que intentarán alterar para reactivar la economía durante este 2017 serán el consumo privado en menor medida -no nos olvidemos que deberá repuntar sobre todo a partir del mayor consumo de los sectores con ingresos más altos- y el consumo público fundamentalmente. Por lo tanto, se anuncia desde el Gobierno que van a comenzar con la obra pública que había frenado en el año 2016. Después de todo, este año que comienza es un año de campaña por lo que también tenemos que pensar en la existencia de un programa para octubre, y otro plan para el período posterior a las elecciones.




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