8 de enero de 2017

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“Nueva tesis feminista” y otros poemas que las mujeres empoderadas disfrutarán

Gioconda Belli, desde su narrativa, rescata el valor de la feminidad, promulga la libertad de la mujer, vindica el cuerpo, la sexualidad, el amor, el deseo, el erotismo, deconstruye el ideal y las expectativas de femineidad que han sido construidas e impuestas sobre las otras, pero también sobre sí misma, y afirma que su escritura le ha permitido “compartir con mis congéneres las vicisitudes y las risas que pasan en el proceso de aprender a conducir mi vida, no de acuerdo lo que era permitido para mi sexo, sino a lo que yo quería como persona”. Por Esther Pineda


A lo largo de la Historia, ser mujer en las distintas sociedades y formas organizativas que conocemos, ha sido considerada una condición que justifica la desigualdad social, la exclusión de los espacios productivos y de toma de decisiones, la producción de conocimiento, así como del desarrollo de las artes y las letras, en definitiva: de todo el aparato económico, político y simbólico que constituye, reproduce y mantiene lo social.

Las mujeres que han desafiado el mandato de una sociedad patriarcal, androcéntrica y heteronormativa en las que continuamente se les ha negado el ejercicio de sus derechos y las libertades inherentes a su ser, su cuerpo y su sexualidad, han sido sometidas a múltiples y repetidas formas de violencia como mecanismo de dominación, pero sobre todo como forma de persuadirlas a no intentar transformar el status quo en una sociedad que les oprime.

Quienes se atreven a cuestionar estas desigualdades se enfrentan a la reprobación y a la sanción social, a la crítica, a la burla, al cuestionamiento, al escándalo, al reproche y al desprestigio. Pese a ello, la escritura ha sido uno de los principales medios de las mujeres para colocar su voz en el mundo, en los espacios que le fueron negados, para denunciar desigualdades, para expresar sus emociones, para llevar a cabo una lucha política, en definitiva: para transformar y transformarse.

Este es el caso de la escritora y poeta nicaragüense Gioconda Belli, quien ha afirmado: “Mi literatura no es femenina, es una literatura donde la mujer es protagonista. Mi literatura es la visión del mundo desde la perspectiva de la mujer”.

La mujer, la escritora y la poeta, visibiliza a la mujer que ha sido explotada, victimizada, violada, violentada, cosificada, despreciada; pero también a la mujer trabajadora, la madre, la mujer joven, la mujer adulta, la mujer sexual, la mujer rebelde, la mujer transgresora, la mujer que sueña, la mujer que crea, la mujer que lucha. Habla de feminismo, de derechos, de igualdad de género y rescata al hombre como compañero de lucha por la igualdad; por ello y más te presentamos una selección de los 10 mejores poemas de Gioconda Belli para las mujeres empoderadas:

Y Dios me hizo mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Menstruación

Tengo
la “enfermedad”
de las mujeres.
Mis hormonas
están alborotadas,
me siento parte
de la naturaleza.
Todos los meses
esta comunión
del alma
y el cuerpo;
este sentirse objeto
de leyes naturales
fuera de control;
el cerebro recogido
volviéndose vientre.

Sabor de vendimia

Recuerdo el terror de las primeras arrugas.
Pensar: Ahora sí. Ya me llegó la hora.
Las líneas de la risa marcadas sobre mi cara
aun en medio de la más absoluta seriedad.
Yo, frente al espejo,
intentando disolverlas con mis manos,
alisándome las mejillas, una y otra vez,
sin resultado.
Luego fue la mirada furtiva de mi reflejo en los escaparates
preguntarme si la luz del día las haría más evidentes,
si el que me observaba desde la otra acera
estaría censurando mi incapacidad de mantenerme joven,
incólume ante el paso del tiempo.
Viví esas primeras marcas de la edad
con la vergüenza de quien ha fallado.
Como una estudiante que reprueba el examen
y debe caminar por la calle
con las malas notas expuestas ante todos.
Las mujeres nos sentimos culpables de envejecer,
como si pasada la juventud de la belleza,
apenas nos quedara qué ofrecer,
y debiéramos hacer mutis;
salir y dejar espacio a las jóvenes,
a los rostros y cuerpos inocentes
que aún no han cometido el pecado
de vivir más allá de los treinta o los cuarenta.
No sé cuándo dispuse rebelarme.
No aceptar que sólo se me concedieran como válidos
los diez o veinte años con piel de manzana;
sentirme orgullosa de las señales de mi madurez.
Ahora,
gracias a estos razonamientos
cada vez me detengo menos frente al espejo.
Paso por alto la aparición de inevitables líneas
en el mapa de vida del rostro.
Después de todo, el alma,
afortunadamente,
es como el vino.
Que me beba quien me ame,
que me saboree.

Reglas del juego para los hombres que quieren amar a mujeres (Extracto)

El hombre que me ame
No querrá poseerme como una mercancía,
Ni exhibirme como un trofeo de caza,
Sabrá estar a mi lado
Con el mismo amor
Conque yo estaré al lado suyo.

No me arrepiento de nada

Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres; sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la «niña buena», la «mujer decente»
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
- ellas habitando en mí queriendo ser yo misma
Transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
- en horas de oficina y
rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.


Amo a los hombres y les canto (Extracto)

Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora, a la que llora por un
niño que se ha dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas, a la que trabaja -mal pagada en
la ciudad, a la que gorda y contenta canta
cuando echa tortillas en la pancita caliente del comal,
a la que camina con el peso de un ser en su vientre enorme y fecundo.
A todas amo y me felicito por ser de su especie.

Ocho de marzo

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
Desde la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
- toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos
hembras en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para
que cuidáramos a los hermanos
y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca
para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos despidió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos
escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.

Consejos para la mujer fuerte

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.
Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.
No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.
Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.
Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodéalo de pozos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.
Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.
Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.
Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbrados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuídate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

De la mujer al hombre (Extracto)

Te siento, mi compañero, hermoso
Juntos somos completos
Y nos miramos con orgullo
Conociendo nuestras diferencias
Sabiéndonos mujer y hombre
Y apreciando la disimilitud
De nuestros cuerpos.


Nueva tesis feminista (Extracto)

¿Cómo decirte hombre
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.

Fuente: Cultura Colectiva




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