6 de enero de 2017

Derechos Humanos

Aprobaron proyecto para crear espacio para la memoria en el Pozo de Quilmes

La legislatura bonaerense aprobó el proyecto impulsado por el Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia y gestionado por la diputada Evangelina Ramírez del FPV. En la ley se transfiere la gestión del nuevo espacio a la Comisión Provincial por la Memoria (CPM). Por el Caminante


La ley fue aprobada por unanimidad en la legislatura bonaerense en diciembre y propone crear el “Sitio para la Memoria, Defensa y Promoción de los Derechos Humanos ex Centro Clandestino de Detención Pozo de Quilmes”.

Ordena desafectar al espacio de sus actuales funciones —allí sigue funcionando una dependencia de la Policía Bonaerense—, la cesión en comodato por 99 años de la propiedad a la Comisión Provincial por la Memoria y establece que su gestión deberá contar con un amplio consenso. Crea un órgano de gestión integrado por la CPM, el Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia, la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y el municipio.

Además se garantiza el financiamiento por parte del Estado y, al mismo tiempo, una gestión sostenida con la participación plena de la comunidad dando cuenta de las múltiples expresiones y referencias construidas en la lucha por los derechos humanos y la memoria.

El Pozo de Quilmes: un recorrido por su oscura historia

“Ubicación: Allison Bell, esquina Garibaldi, en el centro de la ciudad de Quilmes, Partido del mismo nombre, Provincia de Buenos Aires. Local de la Brigada de Investigaciones. Descripción: Acceso al garage por la calle Garibaldi, atravesando un portón pesado con riel. Acceso principal por la calle Allison Bell. Edificio de cinco plantas. Guardia, oficinas, salas de torturas, pañol, cocina, dependencias, oficinas, baño, gran depósito utilizado para el botín de guerra y balcón techado, patio, locutorio, comedor, cocina y baño. Los calabozos eran de 2 metros por 1,80 metros. Las celdas eran más grandes” (CoNaDeP)

Un informe oficial de la Jefatura de la Policía de la provincia de Buenos Aires, informaba el 1 de enero de 1977 que la Brigada de Investigaciones de Quilmes “fue suprimida con motivo de la nueva organización aprobada por la Jefatura” y el edificio “permaneció a disposición de la autoridad militar” y pasaba a funcionar bajo la órbita de las autoridades militares “en todo lo inherente a la lucha contra la subversión”. Hasta entonces había albergado a algunos detenidos que, por orden del Director de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires, Miguel Osvaldo Etchecolatz, se trasladaron a otras dependencias y se transformó a la Brigada en un lugar exclusivo de alojamiento de prisioneros ilegales.

Desde esa fecha el “Pozo de Quilmes” funcionó ininterrumpidamente durante dos años como Centro Clandestino de Detención y Tortura formando parte del “Circuito Camps” que nucleaba varios centros clandestinos de detención que establecían conexiones sistemáticas. El Pozo de Quilmes cumplía funciones específicas dentro del Plan Cóndor: como eslabón de “depósito de prisioneros”, lugar de obtención de información, y uno de los pasos previos a la decisión sobre el destino de cada detenido-desaparecido.

Junto con El Vesubio, ubicado en Ciudad Evita, en el partido de La Matanza, tuvieron un numeroso caudal de embarazadas detenidas que eran trasladadas a otros centros al momento del parto. Las embarazadas del Pozo de Quilmes solían ser trasladadas al Pozo de Banfield donde eran atendidas por el médico policial Jorge Antonio Bergés, que en la actualidad se encuentra detenido, tras gozar de prision domiciliaria hasta abril del año pasado y luego de sucesivas movilizaciones populares en su contra.

Cuando la Brigada de Investigaciones de Quilmes dejó de ser utilizada como centro clandestino de detención, y antes de que la Conadep realizara inspecciones oculares con sobrevivientes, el espacio fue modificado para ocultar sus rasgos más reconocibles. En el edificio de los calabozos, se sacó el portón de hierro (aunque el riel sobre el que corría permaneció intacto), se ocultó la escalera estrecha por la cual ascendían y descendían los prisioneros, se tapió la parrilla y se pintaron las paredes de los calabozos y celdas.

Con la llegada de la democracia El Pozo cambió de fachada pero no de espiritu. Desde entonces en ese lugar, por donde pasaron cientos de detenidos y detenidas clandestinas que dieron testimonio sobre las torturas que allí sufrían, funciona una Dirección Departamental de Investigaciones de la Policía Bonaerense.

Sin embargo, fueron recurrentes los reclamos por años de parte de asociaciones de ex detenidos y de organizaciones políticas, sociales y agrupaciones juveniles independientes por la restitución de El Pozo como espacio para la Memoria y contra su señalización protocolar durante la gestión de Francisco Barba Gutiérrez. Hay que añadir que hay un bajo porcentaje de represores procesados (en 2014 eran sólo 6 por su vinculacion directa con este CCD, aunque pasaron más de un centenar de personas por allí), sumado a varios detenidos con prisión domciliaria, otros tantos prófugos y otros a los que se les dictó falta de mérito.

El dato saliente del año que se acaba de terminar es que en marzo, el actual intendente por CAMBIEMOS, Martiniano Molina, confundió el Pozo de Quilmes, con un bache de calle.




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