30 de diciembre de 2016

Nacional

Hoy viajo por la angustia del tiempo

Doce años de una de las masacres más grandes de nuestro país, a doce años de Cromañón, doce años del dolor. Por Alan Mansilla para ANRed


Por fin llegó el gran día, no fue mi año soñado pero no importa, intentaré cerrarlo de la mejor forma, hoy a la noche con mis amigos, viendo a mi banda de Rock preferida.

Ese fue el sentir de miles de jóvenes, que el 30 de diciembre de 2004 se levantaron con la ilusión de terminar el año de la mejor manera, viendo a Callejeros, en el boliche de Cromañón.

El sol desapareció y la noche se hace presente en el barrio de once. La rutina se olvida, la mente se despeja y las preocupaciones quedan de lado. Nada puede arruinar ésta noche.

Todo estaba listo, más de cuatro mil personas adentro del lugar, aunque su capacidad era para la mitad. Se flameaban las banderas y la banda ya pisaba el escenario.

El show estaba por comenzar, pero antes alguien interrumpió, fue el dueño del lugar, Omar Chabán, quien advirtió sobre los peligros del uso de bengalas. Patricio Fontanet, hizo el mismo pedido y trató de concientizar a las personas sobre los peligros de la pirotecnia.

Después de la advertencia la música empezó a sonar, el pogo y la alegría eran los dueños de ese momento. Pero al pasar unos minutos, de repente, un fanático lanzó una bengala. Ahora una pequeña llama arde en el techo del lugar. Segundos más tarde se expandió provocando un gran incendio y cambiando la situación. Las luces se apagaron, se cortó la música, la fiesta terminó. El pogo y la alegría dejaron de ser los dueños de la noche, ahora reina la desesperación y el pánico.

La gente comenzó a correr para salvar su vida, algunos hacia la puerta principal logrando salir, pero aquellos que estaban más lejos sólo buscaron las puertas de emergencia, era su única esperanza. Pero estaban cerradas y la esperanza se desmoronó por completo. Ya sin fuerzas y asfixiados por la sustancia toxica proveniente del techo, sólo les quedó rendirse.

Afuera las sirenas comenzaban a sonar anunciando lo que sería una gran masacre. La guardia de infantería fue la primera en llegar al lugar. Bajaron de sus camiones motivados por supuestos disturbios entre jóvenes afuera del boliche pero al ver que esto no ocurría y que se trataba de un gran incendio, solo atinaron a subirse nuevamente a sus camiones y a seguir su rumbo.

Luego de unos minutos paso lo que ya conocemos, la llegada de ambulancias, bomberos, gente quemada saliendo del boliche y muertes. Fue así entonces que aquella noche funesta, hizo de morgue improvisada en el barrio de once.

El saldo de heridos fue de 1432 personas, mientras que el de fallecidos fue de 194 jóvenes, en lo que fue unas de las masacres más grandes de nuestro país. Entre los fallecidos se encontraban la novia del cantante, la madre del baterista, la esposa y los primos del manager, el hermano del percusionista y 5 familiares del guitarrista, su tío, su tía, su ahijada, su prima y el novio de su prima.

Hoy, a doce años Cromañón significa muerte y desidia estatal, de lo que alguna vez fue un lugar de festejos. Solo quedan zapatillas rotas, consumidas por el fuego y el hollín de aquellos que no caminaron más.

Es imposible escapar al análisis de la masacre ya que cromañón golpeo al país y lo sigue golpeando. Está claro que fueron miles de negligencias. Ante el desamparo estatal, ni los bomberos, ni la policía, ni el sistema de salud estaban preparados para enfrentarse a una situación semejante. Cromañón fue una masacre social y por eso todos tenemos algo de responsabilidad.

Pero ya que el olvido es la pastilla suicida, es importante como sociedad no olvidar lo que fue cromañón. No olvidar a los olvidados, a los invisibles, a los desamparados que se quedaron solos en el limbo de la post tragedia, a los desasistidos. A aquellas miles de historias que fueron calladas por un periodismo tendencioso y un Estado ausente. Aunque como sociedad largo es el camino que nos queda por recorrer por más paz, verdad, justicia y memoria, creo que cromañón sigue presente, que está más vivo que nunca. No en las radios, no en la tele, está vivo donde cuenta. En la calle, en la gente.




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