23 de diciembre de 2016

Pueblos originarios

El fuego sigue encendido en Standing Rock

La batalla de Dakota de Norte ha sido desde el principio mucho más que la oposición contra una corporación petrolera. Lo prendieron el pasado mes de abril. Sus cuidadores lo mantienen limpio y ordenado. Barren su alrededor dibujando un círculo sobre la arena. Se turnan para alimentarlo y atizarlo durante el día y también durante las largas y frías noches del invierno, llueva o nieve. El fuego sagrado arde sin interrupción desde entonces. Por Diagonal Periodico


La hoguera ocupa el centro espiritual de la acampada de protesta de Standing Rock, Dakota del Norte, y encarna la cosmovisión de los lakotas que impregna cada una de sus acciones. Todo es un círculo, el agua, la estaciones, las relaciones. Se reza, canta y tocan tambores en círculo.

Frente al fuego la gente comparte por qué está aquí y por qué esta lucha es importante. Lo hacen sin adoctrinamiento –aquí los “ismos” no caben–. También se dan anuncios a través de la megafonía, las gentes se encuentran y consumen el café y el té que varios voluntarios preparan sin descanso. Cada mañana a las seis horas un centenar de personas acude a orar en círculo.

Los tipis siguen marcando la vista del campamento cuando se observa desde un punto elevado. Estas estructuras habitacionales portátiles de planta circular sirven de cobijo durante la noche, ya que permiten tener una estufa en el interior gracias a una apertura en la parte de arriba. Son también lugar de rezos y ceremonias grupales restringidas.

Los sioux

Son tierras de los sioux –pronunciado ’su’ en inglés–, o sencillamente de los lakota. Toro Sentado pereció en esta zona en 1890 tras resistir heroicamente contra los colonos europeos. Aquí se produjo la masacre de cientos de indígenas de Rodilla Herida.

También fue un lakota Black Elk –Alce Negro–, hombre sagrado cuyo pensamiento y profecías se reflejaron en el libro Black Elk Speaks, obra de culto desde los años 60 y fuente de inspiración para entender la espiritualidad de los pueblos originarios de América del Norte y el presente de la humanidad.

Intuyendo una clara derrota moral y ante la opinión pública a principios de diciembre, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, dependiente de la Administración Obama, denegó el permiso para completar el oleoducto planeado en estas tierras.

El anuncio llegó en el preciso momento en que cientos de guardianes del agua formaban un círculo ceremonial alrededor del campamento. Estalló la alegría, pero sólo supone una victoria parcial porque la empresa dijo al día siguiente que seguiría adelante con sus planes.

Existe cierto temor por lo que pueda hacer Trump, con un equipo aun –si cabe– más favorable a este tipo de proyectos y de las industrias extractivas. Pero a estas alturas nada puede ser peor que el maltrato sufrido por los indígenas de Isla Tortuga –uno de los nombres nativos que recibe América del Norte– desde la llegada del hombre blanco.

Represión

En estos meses de protesta pacífica los abusos han llegado en forma de bulldozers, tanquetas, pelotas de goma, gas lacrimógeno, gas pimienta, perros de ataque, granadas aturdidoras –una joven casi pierde un brazo–, chorros de agua en medio del frío de la noche y un largo rosario de violencias ejecutadas con una crueldad difícil de entender.

Hay que puntualizar que la policía militarizada no ha puesto en práctica estos métodos en un contexto de enfrentamientos, gran tensión y/o como medida defensiva. La mayoría de las veces los agentes han disparado parapetados detrás del alambre espino o desde lo alto de un monte, sin que su integridad estuviera en peligro en ningún momento.

Lo han hecho con una parsimonia que resulta pasmosa de observar, como si estuvieran escribiendo una multa. El rosario de crueldades injustificables sigue: intervinieron unas canoas y las devolvieron con el casco rajado con una radial, inservibles. En otra ocasión requisaron ropa, sacos de dormir y material de acampada. Lo devolvieron todo orinado.

Profecías

Frente a los beneficios a corto plazo de este saqueo capitalista que lleva esclavizando la tierra durante los últimos 200 años, la visión infinita y circular de los lakota. Ésta no es una nueva lucha del siglo XXI, es la lucha de siempre, que retorna de nuevo, reciclada, con rostro y tácticas nuevas, pero con la misma agresividad.

Según las profecías, los jóvenes lakota de hoy encarnan la séptima generación después de Alce Negro, y ganará en esta nueva fase de la guerra contra la avaricia y la intolerancia. La señal fue la aparición de la serpiente negra: el oleoducto. En torno a Standing Rock se ha formado una gran coalición arcoíris compuesta por indígenas de todos los continentes, ecologistas, activistas reciclados del movimiento Occupy, veteranos de guerra desencantados con la maquinaria de guerra de su país y solidarios de cualquier color.

El agua es la vida

El grito de guerra en Standing Rock es "mni wiconi". El agua es la vida. Occidente ha necesitado varios siglos de avances científicos para llegar a la conclusión de que para que haya vida en un planeta, debe haber agua. Algo tan sencillo que comprenden los pueblos indígenas que mantienen vivo el vínculo con la naturaleza, con el Gran Espíritu, con la fuente.

Hay que acercarse al fuego con respeto y ceremonia. Se debe entrar por la parte abierta y caminar en el sentido de las agujas del reloj. Agacharse. Meditar. Echar un poco de tabaco o salvia fresca. Saludar al anciano o sabio que allí permanece. Y al salir dar una vuelta sobre uno mismo en señal de respeto. El fuego sagrado arderá hasta que muera la serpiente negra.




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