21 de noviembre de 2016

Territorial

De trabajar en el obispado a líder piquetera

Neka Jara fue una de las líderes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) entre los años 1996 y 2000. Actualmente forma parte del Movimiento de Colectivos Kosteki y cuenta con una hermosa familia junto a sus dos hijas adoptivas y su pareja, Alberto Spagnolo “La primera vez que decidimos con la iglesia salir a la calle para hacer un piquete tuve mucho miedo”. Por Alan Mansilla para ANRed


Neka Jara fue una de las líderes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) entre los años 1996 y 2000. Actualmente forma parte del Movimiento de Colectivos Kosteki y cuenta con una hermosa familia junto a sus dos hijas adoptivas y su pareja, Alberto Spagnolo. Éste es un ex cura de la iglesia de Solano, Nuestra Señora de las Lágrimas, y encabezar uno de los movimientos de trabajadores desocupados más fuertes de zona sur.

Tan fuerte fue el fenómeno de la iglesia de Spagnolo y todo lo que se vivió en esa institución que un día Neka escuchó en su visita a la sede central del Obispado a Chiche Duhalde, que pidió a todos los obispos de Quilmes que actuaran con mano dura sobre la parroquia de Solano.
“Les bajó línea a los obispo pidiéndoles que saque a Alberto de su cargo y a los desocupados que vivían en la iglesia de Solano”.

La experiencia de los movimientos populares de base a fines de los 90’ tuvo un impacto muy fuerte en la sociedad y sobre todo en el sur del conurbano bonaerense, donde las manifestaciones sociales eran masivas. Con Jara a la cabeza, como una de las líderes del MTD.
Antes de ser una de las referentes del movimiento, trabajaba en el instituto de formación de teología a distancia, en el Obispado de Quilmes, coordinaba un área de formación y era docente. Siempre participó dando clases en las parroquias hasta que un día, luego de ver la situación de crisis social, y después de conocer a Alberto Spagnolo en 1995, decidió hacer algo por la gente desocupada, marginada y que vivía en la calle. Es por eso que junto a su actual pareja tomaron la decisión de abrir las puertas de la iglesia para aquellos que no tenían un lugar donde vivir y luego formar un grupo de trabajadores desocupados.
“Nunca dijimos vamos a ser un movimiento de trabajadores desocupados, simplemente se dio porque nos empezamos a juntar”.

En ese entonces la desocupación del país iba en aumento y es por eso que la iglesia decide abrir sus puertas para convocar a los vecinos a una misa donde se planteó que hacer con los desocupados. A partir de eso, en el lugar comenzaron a tener asambleas y se optó por aceptar que la gente desocupada y que no tenía un lugar a donde ir viva en la iglesia.
“Lo primero que hicimos fue gestionar los planes sociales pero nos dimos cuenta que se daban a partir de la lucha, cortando rutas, y después quisimos gestionar alimentos pero no nos dieron y tuvimos que tomar Coto y Jumbo para conseguirlos”.

Por otra parte es importante no perder el eje de que todo lo que pasa se desarrolla en una iglesia y por personas que se juntaban a planificar las medidas combativas una vez finalizada la misa parroquial. Fue de esa forma que habían decidido el primer corte de ruta, allá por el año 1997.
“Después de ver que la realidad social cada vez estaba peor y luego de varias asambleas dentro de la comunidad, se decide por cortar una ruta, hacer un piquete, cosa que nunca habíamos hecho”.

El miedo es una de las sensaciones que Neka tuvo en esos momentos, ya que en tiempos con la represión policial, no sabía lo que podía llegar a suceder. Lo concreto fue que se animaron, vencieron ese miedo y a partir de allí se desató un movimiento revolucionario que reivindicó la lucha de clases.
La artista Florencia Vespignani que tuvo un fuerte vínculo por aquellos años con Alberto y Neka contó; “En el año 98’ comienzan a crecer los movimientos piqueteros, sobre todo en la zona de Florencio Varela, San Francisco Solano y Claypole. Yo participaba de la organización en el barrio La Fe (Lanús) pero teníamos referencias de que en Solano ya se estaban organizando desocupados en la parroquia “Nuestra Señora de las Lágrimas” a cargo del cura Alberto Spagnolo que supo albergar a decenas de personas en la institución católica. Fue ahí, en esa parroquia, donde se empezaron a hacer las reuniones del Movimiento de Trabajadores Desocupados Teresa Rodríguez de toda zona sur para organizar acciones reivindicativas”.

“A esas reuniones de zona sur llegaron a venir compañeros de La Matanza y los que más asistían eran de Claypole, que provenían de varios barrios. Después terminamos trabajando juntos en la misma coordinadora que fue la CTA Aníbal Verón. Ante la desocupación, el aumento de la pobreza, los vecinos comenzaron a organizarse y salieron a protestar en contra de los ajustes del gobierno. Nació de esa forma un sector de la clase trabajadora que entró en el terreno de la lucha de clases”.

Por ese entonces dentro del movimiento la mayoría eran mujeres las que participaban. Más allá de que quizás las caras más visibles eran las de los referentes varones, como Darío Santillan , las mujeres también tenía una fuerte y activa participación.
“En la dura etapa económica que le tocaba vivir al país, muchas mujeres eran movilizadas por el sentimiento de angustia, de no tener para comer”, sostuvo Neka.

En relación a la lucha y la participación de las mujeres dentro del movimiento, Florencia Vespignani agregó que “Había muchas mujeres en los movimientos, mujeres que generalmente eran ama de casas solas, con varios hijos y que decidían salir a las calles en una situación difícil, muy complicada, a pelear por sus derechos. Entonces a partir de eso empezamos hacer comedores para los chicos y la participación de las mujeres fue muy importante”.

La lucha femenina dentro del mismo movimiento también se hizo notar, ya que en un principio las mujeres solo podían cumplir determinados roles, pero luego de mucha insistencia el grueso grupo femenino demostró que podía encargarse de otras tareas que comunmente no son asignadas a las mujeres, como por ejemplo del área de seguridad.
“No fue sencillo que las mujeres pertenezcan al área de seguridad del movimiento”. Afirmó Neka, que además agregó que la capacitación de seguridad se daba en la iglesia y tenía que ver con realizar “Kung fu como herramienta de defensa personal”.

Éstas capacitaciones sirvieron en su momento para el resguardo frente a la represión y el cuidado personal pero a su vez, fueron muy importantes para la conquista de tierras que planteaba el movimiento, como cuando Spagolo y Neka, junto con el MTD van por un terreno junto a tres mil quinientas familias en el barrio La Matera (Quilmes).

“La iglesia comenzó con la preparación, nada podía estar librado al azar. A los cursos de panadería que ya se venían dando, le sumamos los de electricidad, plomería, salud, educación popular y artes marciales. ¡SI, artes marciales en una parroquia! Teníamos que estar preparados para la represión”, sostuvo Alberto Spagnolo.

Neka agregó que el “lugar se llenaba de gente todos los días… Había farmacias populares, marroquinería, panaderías populares, se atendía a los pibes con problemas de salud. El templo dejo de celebrar solo misas para convertirse en un salón multiuso”.

Dentro de la iglesia también se hacía deportes para la recreación. Había fútbol, vóley y según Neka, “algunos sentían cierto temor de jugar a la pelota en la iglesia por la mirada de todos los santos, las estatuas que estaban en el lugar, por eso antes de arrancar los partiditos tapábamos a todas las estatuas. Recuerdo que un día Alberto le pegó un pelotazo a la virgen y la rompió, todos se quedaron lamentando la imagen, menos el cura que siguió jugado a la pelota”.

Por otra parte dentro de ésta lucha para afrontar el momento de crisis que vivía el país fue muy importante el arte como medida de protesta.
“La experiencia de la organización reflejada en el arte, en los murales, siempre con muchas mujeres y niños pintados y hasta la puerta de la propia iglesia reflejaba arte a través de un Jesús dibujado en el frente de la parroquia. Para todo eso fue muy importante Florencia”.

“Creo que el arte tiene un rol importante dentro de la cultura, es un hecho simbólico que genera identidad en los compañeros y la identificación con las imágenes. Es por eso que comenzamos a dar talleres, pensando el arte como una herramienta de expresión para el reclamo de las injusticias y las denuncias”.

“Esto tiene que ver con la producción cultural, que nos caracteriza como organización. Organizar la parte cultural, mezclada a la más efusiva de la lucha, para transformar eso en obras artísticas”, sostuvo Florencia Vespignani.

Por ultimo hay que marcar que el movimiento tuvo su auge allá por los años 1998-2000, cuando el MTD de Solano trabajaba mucho con los de Lanús y Almirante Brown, donde estaban Darío Santillan y Maximiliano Kosteki. Habíamos formado el Movimiento de Trabajadores Teresa Rodríguez, que luego de algunas diferencias pasó a ser MTD Aníbal Verón, pero también terminó dividido por diferencias ideológicas.
“Comenzamos a autoanalizarnos como movimiento y a ver una transformación coyuntural, a partir de esto entramos en crisis ya que las acciones solo se daban por una ritualizacion… había que repensar el movimiento”, señalo Jara.

Hoy Neka pertenece al Movimiento Colectivo Kosteki y realiza trabajos en un centro de salud autogestionado, que trata enfermedades mentales desde un punto de vista integral, entendiendo a estos casos como hechos que provienen de un sistema que enferma. Éste trabajo se llama foro de salud y es articulado por otros espacios, instituciones y grupos de la zona. Por otra parte ella asegura que la “experiencia del MTD no murió, sólo se resignificó”.

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